Friday, December 29, 2006

Euge fotógrafa (Hoy, La Boca)











Marcio












desde el patio de mi casa




Fotonovela







despedida de solteros de mamá y papá













mamá y papá se casaron
fueron felices... y comieron









liebres.





















Wednesday, December 13, 2006


Mi amiga Léa me escribe desde Lyon, hola guapa, cómo estás? (….) ¿Leíste El año del desierto? Yo le respondo, Leíta querida, qué alegría tener noticias tuyas. No, no la leí, la tapa me pareció muy fea, pero tengo amigos que la leyeron y dijeron que es una gran novela. Ah, qué bueno, me dice Léa, porque el otro día me robé un ejemplar en la Feria del Libro de Frankfurt. A la gente de Interzona, les pido que no tomen acciones legales contra Léa, pero si quieren hacerlo, Léa es la rubia.

Tuesday, December 12, 2006

Cuando con mis amigas hablábamos de cómo nos gustaría que fuera nuestra casa de casadas, yo salteaba la parte del casamiento: definitivamente sería soltera. Tampoco me imaginaba en una edad intermedia, digamos, dieciocho, treinta, cuarenta, no. Me imaginaba viejísima, con un rodete negro decorando mi cabeza, anteojos enormes de color rosa pálido, mamá de tres o cuatro gatos, pero nada deprimida, con muchos ex amantes que vendrían a visitarme para conversar, recordar anécdotas, muchas amigas también, que al igual que mis ex amantes, variarían en edades y preferencias de cepas .

Mi visita preferida, sin lugar a dudas, sería Andreíta, la nena de ocho años que vendría a preguntarme infinidad de cuestiones físicas y metafísicas, a las que sus padres, un poco por falta de tiempo y otro por falta de ganas, no les interesaba responder, o, en otros casos -la mayoría, claro-, no les interesaba preguntárselas para sí, como haría yo, sí Andreíta, yo, que hoy te prometo que me las voy a preguntar, a seguir preguntándomelas, gracias a vos, que sos en mi cabeza una mezcla de Andreína, mi mejor amiga de la primaria, que era tan linda, y yo, Andreíta, Eugenita, que soy tan preguntona-hinchapelotas.

Ah, ¿y cómo era mi casa imaginaria? Grande, de varios pisos, con una terraza ajedrezada y un living con paredes de espejos (siempre es bueno tener una sala en donde uno sepa quien es vampiro y quien no). Igualmente, con lo que más fantaseaba era con un balcón bombé en mi habitación.

Otro día hablo del balcón, porque sino me pongo romántica, muy dama de las camelias, y ahora es el momento de una canción de amor más cachengue que se llama “Decime algo lindo, y se lo dijeron nomás”:

vos sos como el dulce de leche
de Comodoro Rivadavia

el rulemán compacto de mis sueños

del fariseo, el surco
tragicómico, el cerco,

infierno no ganado por los bagres

sos una canción
pedorra,
pero con ganas,
con onda,

una ruleta astronauta,
un camisón de aserrín

sos un sol, un mi
y un fa sostenido con churros


una caminata
por alta montaña,
sin sogas,
sin maña
ni calzado adecuado

una caminata
por alta montaña
larga caminata
en alpargatas, sos

Saturday, December 09, 2006

El verano

(Leído en la velada del viernes 8 de diciembre, organizada por la gente de Editorial Tamarisco)

Ahora ya no, pero antes, el comienzo del verano no lo determinaba el calendario sino la apertura de las heladerías. Cuando era chica, por lo que más quería ser grande era para comer helado y sólo helado, nada de verduras, carne, ravioles, sólo helado de dulce de leche granizado abajo y coco arriba. El coco no era tanto por preferencia real, sino más bien por seguir el dictado de la moda impuesto por ese personaje de Juana Molina en Juana y sus hermanas. Y aunque amaba el verano, porque amaba el helado, no renegaba del invierno, tenía sus beneficios: los bolsillos de los abrigos siempre reservaban australes para futuros cucuruchos. Yo, apenas abría la heladería de enfrente de casa, lo primero que hacía era saquear los bolsillos de mi campera, del blazer del colegio, de los tapados de mamá, de los trajes de invierno de papá, los bolsillos de mi hermana no, porque siempre fui muy respetuosa de mis pares. Pero cuando ese recurso llegaba a su fin – que era alrededor del tercer o cuarto cucurucho– no quedaba otra que suplicarle a mamá que me comprase otro, y ella, tan amante de la vida natural, me decía que era mejor que coma fruta. En el parque de casa había moras, que comía imaginando que eran helado de moras, hasta que un día, como era de esperar, me intoxiqué y decidí hacer negocio con ellas. Junté todos los frascos de mermelada que encontré en casa, hasta terminé la de naranja que siempre me pareció espantosa, solo para tener un recipiente más donde guardar las moras que vendería a los que pasasen por la puerta de casa, y como escuché no sé si de papá o de mamá, que para hacer negocios es necesario arriesgarse, sacrifiqué el vestido escocés de mi bebote y lo recorté en cuadraditos para decorar las tapas de los frascos. El negocio marchaba magnífico, le vendí un frasco a Maribel, la vecina de al lado de casa y podría haber vendido muchos más si mamá no me hubiese gritado “estás loca” desde la ventana del living, cuando me vio en el puestito que había improvisado sobre el medidor de gas. No dijo nada más, para eso es mi mamá, sabe la mejor forma de paralizar mis autoemprendimientos. Siempre me dio miedo la locura y que ella me lo afirmase de manera tan vehemente hizo que sin chistar me metiera adentro de casa y me muriera de vergüenza durante más de una semana por lo que había hecho. Ahora que lo pienso, el verano es propicio para generar situaciones de vergüenza. Una ola que corre la bikini de lugar, un helado que se derrite mucho más rápido de lo que la boca puede tomarlo y termina enchastrando toda la remera, un caballo suicida que se mete más y más en el mar y todos diciendo desde la orilla Eugenia vení para acá, y yo pensando pero qué quieren si es él el que se cree Alfonsina... De cualquier manera, a pesar de la vergüenza, siempre deseo que llegue el verano, porque en verano me dan más ganas de bailar, de conocer gente, de tomar caipiriña, escuchar a Bob Marley y leer novelas de amor o policiales tirada en la arena. Y para combatir el insomnio que provoca el calor, una noche, en la que sentía derretirme toda, a excepción de mis ojos que permanecían fijos en el ventilador de pie, se me ocurrió hacer un cronograma de sueños de verano, que si se sueña uno por noche, alcanza para todo enero y los primeros días de febrero.

Cronograma de sueños de verano:

Tomar leche cortada y mandar a mamá a la cárcel

Creer en Dios y que se sienta mal

Enseñarle a la maestra cómo se llega al país de Alicia

Contar hasta el infinito con los dedos

Decirle a Pitufo Filósofo que me cae simpático

Aprender a tocar el piano con Lou Reed y que mamá Laurie Anderson me rete en japonés

Ser una trovadora pop

Figurar en las revistas y que me recorten los pajeros

Tomar whisky con Morrison

Tocar la pandereta en un recital de Janis Joplin

Atender el teléfono y ser yo

Preguntarle a Antonin si le gusta mi voz

Hacer radio con Beckett

Conseguir el papel de vaca comunista y reírme con Brecht en alemán

Postergar mi viaje a Berlín porque vino a visitarme Virginia Woolf

Dibujar la mano de la Reina Isabel y que Orlando me diga “sí, así es, así es”

Filmar el divorcio de Penélope y actuar como su abogada

Robarle los zapatos a mi abuela y ser acusada, no de robo, sino de herencia

Ser responsable y que papá se sienta orgulloso

Trabajar como obrera en una fabrica de alfileres

Tener un amigo como Engels

Colaborar con los exiliados lingüísticos

Desertar y que El Che me tenga bronca

Pasear con Rosas por Lavalle

Evitar que maten a Pasolini y pedirle un autógrafo

Disfrazarme de polígrafa y ser odiada por los hombres

Ir a misa con Burroughs y cantar canciones de Tom Waits

Decirle a Apolonio que a Paul no lo soporto

Conversar con Fijman en la Plaza España

Ver la mano de Rilke cuando escribía Salomé

Darle un beso a Proust antes de que se duerma

Cenar con Jack the Ripper y hablarle de Allan Poe

Mover las manos con dirección de Pina Bausch

Florecer en la montaña

Llegar al cielo y darme cuenta de que en realidad prefiero el agua

Vivir en un teatro*


* Disfrutarlo todo, serlo todo.

Monday, December 04, 2006

Un trío un poco alocado

Mi amor tiene un pie en la tierra. El resto de su cuerpo prefiere guardarlo en una cajita de cartón, vacía, pintada por mí de naranja y azul. Un lugar complementario, sin pretensiones.

Se llevan bien mi amor y mi soledad.

Él es rubio y de ojos negros. Se besa en el espejo, si lo hubiera. No es un hombre. Tampoco un gato, ni un león. Es casi un elefante, con algo de gorrión acuático, y manos. Sí, manos que nunca encuentra. En la cajita, le digo, pero no me cree porque está vacía. En la cajita, repito, me acaban de empujar.

Ella es de fuego y no refleja ningún color. Se los come. Ya no se acuerda cuantos hijos tuvo, si finalmente nacieron, si se murieron de viejos, si son los mismos que cada noche de agosto o de abril le atan el cuello con un cinturón de cuero marrón y pretenden hacerle el amor, aunque todos saben, incluso ella que es tan ingenua, que él no sale de la cajita ni levanta el pie de la tierra en meses tan trillados.

Mi soledad, a veces, cuando se anima, le toca la espalda y hunde los dedos hasta su columna, que también es pegajosa. A él no le gusta, pero lo soporta porque sabe que ella tiene auto y lo puede llevar -sí mi amor se animara a salir, si mi amor se animara a caer- a Marte o a Río de Janeiro, para hablar en esa lengua que inventaron cuando mamá y papá se fueron, una lengua bastante compleja si se tiene en cuenta lo chiquitos que eran cuando la inventaron. La lengua más fría, menos trágica del mundo.

Yo los miro.

Somos un trío un poco alocado. Él quiere matarme y yo sólo pienso en cortarle el pelo. Ella me escupe las piernas, me tira del dedo meñique, quiere jugar. Y no es que yo no quiera. No. Es que se me acalambran las piernas con su baba de aloe vera.

En definitiva, somos tan feos, tan feos, que sólo nos queda mimarnos hasta que la muerte nos vuelva a separar.

Tuesday, November 28, 2006

A no faltar


Tantas noches como sean necesarias , de Ricardo Romero
Colección Laura Palmer no ha muerto / Gárgola Ediciones
Presentan Pablo Ramos y Federico Levín.
Toca Facundo Gorostiza.

HOY, martes 28 de noviembre en Bartolomeo Bar,
Bartolomé Mitre 1525, a las 20,30 horas.

Sunday, November 19, 2006

En lo que va de la semana ya van dos chicos que se refieren a mis piernas como jamones. Es de onda, aclaran al toque. De onda... ja, ¿qué quieren?, ¿hacerme creer que las piernas flacas son lo menos?, ¿o que las mías son apetecibles como un sandwich de jamón crudo italiano y tomatitos cherry?. No, no. Todo eso es muy poco verosímil. Yo no sé qué onda puede tener un comentario de ese tipo, pero igual es algo que ya casi no me afecta porque desde hace un tiempo, más precisamente desde que empecé a pensar en la idea de que abandonar el alcohol es una buena idea, cambié mi frase típica “estoy gorda” por otra más madura, más existencial y profunda: “estoy deprimida”. La contracara de la madurez, existencialidad y profundidad, es que en el mercado psi cotizan más caro que un simple complejo de gordura, así que desde que cambié de complejo, mi analista factura el doble (“factura” es una forma de decir porque nunca me dio una factura, y ahora que lo pienso, su declaración de ganancias debe ser trucha, así que nunca voy a revelar su nombre completo a ver si se lo llevan preso a mi gurú espiricultural (lee mucho más que yo), mi bastón anímico, mi arquero del sinsentido que resiste estoicamente mis llamados a las 6 de la mañana y suele abrir de urgencia su consultorio los domingos a la tarde para tratar de atajar mis patadas neuróticas). Bueno, igual, un poco me afecta lo de las piernas como jamones, no por las mías (no soy tan ombliguista), sino por el recuerdo de Luciana, una chica muy copada, con unas piernazas divinas de jugadora de jockey, a la que las loosers como yo, que aprobábamos todas las materias con diezalosumonueve (no por inteligentes, sino porque no teníamos muchos planes los fines de semana y el trabajo, es decir, el colegio en esa época, la tele y las canciones de Nirvana eran lo único con lo que podíamos combatir nuestro tedio adolescente) la admirábamos secretamente (y no tan secretamente. Yo dejaba que Luciana se copiase de mí en las pruebas de física a cambio de nada, porque ella nunca me invitó a sus fiestas de gente popular, así que si eso no es admiración explícita que me caiga ya una rana del cielo y me cante La canción del jacarandá de María Elena Walsh). Mi trauma con las piernas como jamones fue por culpa de un comentario muy desafortunado que hizo la Directora del colegio, la Hermana Mariana (que en realidad se llamaba Sonia. Sí, se llamaba. Ahora debe estar haciendo huevos fritos en el infierno), que no tuvo mejor idea que decirle a Luciana “¿No le da vergüenza usar el uniforme tan cortito con esos jamones que tiene en lugar de piernas?”. No es fácil para gente que siempre necesita tener a alguien de quien ser fan, como yo, escuchar que agredan de manera tan gratuita e inesperada a su “quiero ser como vos”, no, no es fácil, deja huellas imborrables. Después, por suerte, me vengué de ella (aunque solitariamente) cuando entré al CBC y descubrí a Marx. Con cada palabra que él decía acerca de la religión yo sentía estar echándole una gotita de arsénico al té con leche de Mariana, bah, a mi idea de ella, al fantasma marianista, cruel y amargo como el mate que ceban los que saben de mates, los que aprendieron de sus padres y sus padres de los abuelos de los que hoy por hoy ceban esos mates alabados por los críticos especializados en hierbas y la influencia de éstas en la cultura (aunque hay que reconocer que Mariana tenía sus virtudes porque, a diferencia de las otras monjas, no era reprimida y solía acostarse con el cura del San José, hasta que éste se volvió gay y ahí Mariana desarrolló su perversión discursiva con la gente que llevaba una vida sexual plena como era el caso de Luciana). Pobre Mariana, después se murió y me sentí culpable. Pobre, pobre de mí que siempre siento que todo es culpa mía, como cuando dije “odio a Juan Castro y ojalá se muera”, porque alabó una película que a mí me pareció nefasta (Irreversible) y zas, se le ocurre caerse del balcón. Aunque, claro, eso no es nada comparado con lo que pasó después: a menos de una semana de la tragedia castrense, sin que yo le contase nada a nadie acerca de la culpa que sentía por lo ocurrido, apareció una persona anónima en mi msn con un nick poco imaginativo, pero que llamó un poco mi atención y me dijo:

cuandomevoyquedanmoscas: hola Eugenie, ¿cómo andás?

Yoyyoodiamossersiemprelasmismaspelotudas: ¿quién soy?, perdón, quiero decir ¿quién sos?

cuandomevoyquedanmoscas: ¿No me reconocés?

Y apareció la foto de Juan cuando estaba vivo y rozagante.

Si bien nunca me metí a un lago helado del sur argentino por miedo a que se me pare el corazón con el cambio de temperatura, creo que en ese momento es como si me hubiese tirado de cabeza, más bien, como si alguien me hubiese empujado desde el borde de la piedra a la que me subí para ver si me animaba y claro, qué me iba a animar si soy re cagona. La incertidumbre de quién sería el anónimo duró poco, enseguida empecé a sospechar de quién se podía tratar: del fantasma de Mariana, que se enteró de mi deseo de echarle gotas de arsénico marxiano a su té con leche* y dejó de hacer huevos fritos por un tiempo para aprender a usar internet y darme un patatús desde el infierno (me acabo de dar cuenta de que la palabra patatús está agregada a mi diccionario word y me preocupa no acordarme cuando la agregué. Aunque ahora que lo pienso, las amnesias reafirman mi decisión de terminar de una vez por todas con mi exterminación sistémico-neuronal a base de alcohol y acumulación de experiencias traumáticas), porque yo no sé si imaginaba o era verdad que cuando Mariana se iba de algún lugar, el aula, el patio, el gimnasio, cualquier lugar de donde vi alguna vez que se fue, quedaban dando vueltas un par de moscas desorientadas que se golpeaban contra lo que tenían a la vista, o mejor dicho, tratándose de moscas, a la multivista, y yo le rezaba mucho a mi dios personal de esa época (que tenía la cara de Jim Morrison y estaba enamorado de mí, no de Luciana) para que no me toquen, porque las moscas son feas y me dan bastante impresión. De la mala.

*dicen que en el infierno hay satélites que permiten ver todo, pero todo todo, así que se puede ver a través del espacio, del tiempo y también de las cabezas de las personas en el espacio y el tiempo que al habitante infernal se le ocurra.

Friday, November 10, 2006

La rueda de la fortuna

Ayer casi me pisa un auto. Cruzo Brown pensando ¿y si me pisa un auto? y no me pisa, pero cuando vuelvo a cruzar, ahí sí casi vuelo. Quedo en medio de los autos un buen rato y luego lloro el resto del camino. Cuando llego me preguntan ¿qué te pasó? y yo digo “estoy alérgica”, pero después, al segundo, ya nadie me cree: es que lloro a cántaros y las alergias no son tan efusivas. Me dicen uh, qué distraída que sos, y sí. Después toco fondo cuando rompo la cerradura y pienso que me voy a quedar a dormir en el pasillo. Por suerte logro abrir la puerta. Llego al punto máximo de descreimiento de mis habilidades manuales y me ilumino: un simple movimiento me salva del pasillo y la bronca y la depresión por ser así como soy. A partir de ese momento todo vuelve a subir. Hoy es mejor y me acordé de esta canción.

Thursday, November 09, 2006

Yo era la última a la que elegían los que hacían “pan y queso” para armar el equipo de “El delegado”. Aunque una vez fui anteúltima. Me prefirieron a Marita, que unos días antes le habían sacado el yeso del brazo derecho y todavía lo tenía hecho un flan.

Me acordé de eso al pensar en mi perseverancia hiperboba, en esa energía animalita que tengo para hacer cosas que sé que nunca voy a hacer bien.

Monday, November 06, 2006

Les digo a mis amigos, ¡miren, Nicolás!, mientras señalo a un hombre grandote y canoso y ellos se ríen, me dicen, qué humor negro Eugenita, y yo contenta porque se ríen, aunque no entiendo bien por qué se ríen. Como seis horas más tarde, entre cerveza y cerveza, ella dice pobre Nicolás y yo pregunto ¿por qué pobre?, porque se murió, me estás gastando, no boluda, ¿en serio? ¿cuando?, la semana pasada. Me pongo triste, casi lloro, para qué mentir, lloro posta, y mis amigos me miran, ¿qué te pasa?, me dicen, no entienden la dimensión de mi pesar, y yo no sé... qué quieren que les diga...
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no me acostumbro a que la gente se muera.

Thursday, November 02, 2006

Tuesday, October 31, 2006

Bee_siones

No me acuerdo si era Margerie Kempe o la otra, la anacoreta, ¿cómo se llamaba? Juliana de Norwich, bueno, alguna de ellas era, o alguna copada como ellas, la cuestión es que estaba leyendo a esta copada una tarde de octubre de 2004 y cuando iba por la parte en que la copada cuenta que el santo prepucio sabe a miel, vi que en la ventana había una abeja. Me impresionó, nunca antes se había posado una abeja en esa ventana, y mucho menos había visto yo una de la ya dos veces nombrada en un mismo renglón, al instante de leer la palabra miel. La cosa es que Caracola (gata y acróbata atorranta), empezó a maullar como una desaforada desde la cocina y cuando llego veo centenares de abejas. Respiro hondo (como acto simbólico de tomar valor, que, ahora que lo pienso, es re loco este acto, porque el aire no vale nada, es gratis y… ah… ¿por eso es simbólico?-) y mientras ruego por que ninguna abeja me pique o se me meta por los agujeritos de la nariz, me llevo a upa a Caracola y cierro la puerta de la cocina. Me quedo en el living durante horas, hasta que no soporto más la cara de aburrida de la gata y salgo a verificar si las abejas ya se fueron. Y sí, se fueron sin dejar rastro de su visita inesperada... las muy perras... así que después, obvio, nadie me creyó que tuve una experiencia mística.

Saturday, October 28, 2006

Monday, April 12, 2004

Soñé que viajaba en un tren y recorría Rusia. Era una princesa a la que le irritaban terriblemente las faltas de ortografía. Discutía en ruso acerca de ese tema con dos franceses que me acusaban de ortodoxa.

Wednesday, October 25, 2006

Con la hermanita de ViV perdí toda posibilidad de recuperar mi nombre. Desde que ViV le contó la anécdota, pasé a ser para ella la chica del subte (elipsis de “la chica que se cayó en la estación de subte”). En alguna oportunidad voy a contar lo que pasó el día de la primavera de 1998, en que por culpa, no de algún tipo de herida o quebradura, sino lisa y llanamente por culpa de mi timidez, terminé en el hospital Argerich en una silla de ruedas camino a la sala de traumatología. Hay mucha gente que nunca tomó un subte en su vida ¿vieron? Qué extraño. En La Boca no hay subtes, pero la gente viaja en subte igual. Nos tomamos cualquier colectivo hasta Alem y de ahí seguimos en subte porque es más rápido. La Boca es un barrio donde hay muchos borrachos y pintores, sin ir más lejos, yo, yo soy borracha, un poco, y además pinté un cuadro el lunes. Fui a la facultad, esa que queda cerca de mi casa y pinté uno. La profesora me dijo qué bueno, realmente está muy bueno, yo sabía. Por un momento pensé en tirarlo por la ventana, porque sí, pero no porque sí sí. Hay ventanas en el cuadro, no tan frías como las otras, las de las casas y los edificios, aunque, claro, también están menos, mucho menos ahuecadas. O no, no son ventanas, pero podrían serlo y todo lo contrario también ¿Qué es todo lo contrario a las ventanas? Ah… por eso está bueno mi cuadro.

Tuesday, October 10, 2006

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estuve en un laberinto
a la salida encontré un espejo

¿sí? ¿y te viste?

no, nunca me veo en sueños
del otro lado había un buzón
violeta o una cámara oscura
las dos cosas y ninguna exactamente

comprendo, pero, ¿por qué tu mamá me da miedo?

porque usa un bastón de oro puro

cuando dormimos juntos hablamos suspendidos

Saturday, October 07, 2006

Yo pensaba, estaba convencidísima, de que “bermudas”, en realidad, se decía “mermudas”. Por libre asociación, cada vez que decía mermudas me imaginaba un frasco de mermelada de frutillas. Si las bermudas me parecían feas, entonces me imaginaba un frasco de mermelada de naranja. Papá nunca me corregía, le daba ternura que yo hablara mal. Pero sólo a él le daba ternura, los demás se reían cuando decía “mermudas”, “aprendé la luz” o cosas por el estilo. Sobre todo se reían de mi pronunciación afrancesada, cosa que a mamá le encantaba (no que se rían de mí, sino mi pronunciación)*. Hasta los seis años fui incapaz de pronunciar una erre, especialmente si se encontraba detrás de una ce, una te, una pe, y ni que hablar de una ge. Así fue como se me ocurrió crear un mini-diccionario personal de sinónimos. En vez de decir “perro”, decía “can”, en vez de decir “rato”, decía momento”, en vez de “grande” decía “gigante” (“enorme” también me resultaba un poco difícil) o “adulto”, según el contexto de la palabra “grande” (la palabra “mayor”, por razones obvias, también trataba de evitarla). Y cuando tomaban lista en el colegio, en vez de decir “presente”, decía “acá estoy”. Donde no tenía escapatoria era a la hora de pronunciar mi apellido. Por eso, una tarde, a los seis, fui a la cocina -mamá estaba preparándome la leche- y le supliqué de rodillas que por favor me dé el suyo, porque Clará, a diferencia de Rombolá, lo podía pronunciar sin correr el riesgo de que los demás se rían. Creo que fue porque la conmoví, o porque se dio cuenta de que Buenos Aires no es París, que decidió llevarme a la fonoaudióloga, una mujer que resultó ser muy dulce y paciente. Todos los jueves, de 18 a 19 hs., iba a su casa a tratar de pronunciar correctamente, y mejoré un poco, sí, pero no mucho. Tenía un cuaderno de hojas lisas donde la fonoaudióloga, Patricia, me escribía los ejercicios y me pegaba fotocopias con dibujos, que yo tenía que pintar y después debía nombrarle los colores que usaba. Yo, pícara, la primera vez pinté los dibujos de azul, naranja, amarillo, violeta... pero ella, más pícara que yo, en el segundo encuentro sólo me dio rojo, negro, rosa y marrón. Tenía un espejo sobre la mesa, donde yo tenía que verme cuando hacía mis ejercicios articulatorios. Lo que más me gustaba era hacer muecas frente al espejo mientras Patricia me escribía los ejercicios en el cuaderno, pero claro, una vez me descubrió, levantó la cabeza del cuaderno antes de que yo pudiera volver mi cara a la normalidad y me morí de vergüenza. A partir de ese momento, ir a lo de Patricia fue una tortura china para mí (no, en este caso creo que correspondería mejor decir “tortura rusa” o mejor aún: “tortura groenlandesa”). Bueno, pero como contaba antes, mi pronunciación afectada no es mi única rareza. Hay algunas cosas, que vaya uno a saber por qué nunca logré asimilar y las mezclo, por ejemplo, me confundo a Isabel Sarli con Beatriz Sarlo. También me confundo “colibrí” con “coliflor”, “repollitos de bruselas” con “brócoli”, dudo siempre si se dice Dylan Thomas o Thomas Dylan, Ayer descubrí una nueva: fui a hacer las compras y le digo al chico del súper:

- ¿Sabés en dónde están las albóndigas?
- ¿Qué? No, no vendemos acá.
- ¡Pero si en todos los supermercados venden albóndigas!

Se me queda mirando.... yo pienso, ¿cómo se dice “albóndigas” o arbóndigas”?.... dudo... dudo seriamente... estoy convencidísima de que se dice “albóndigas”, pero bueno, me tiro el lance:

- ¿Y arbóndigas venden?
- No, tampoco.

Por suerte miro para atrás y ahí están, puf, por suerte, ahí están las latas de arvejas.
*Se deduce entonces que no decía exactamente "mermudas" y "aprendé la luz", sino que en realidad decía algo así como "megmudas" y "apeguendé la luz"

Thursday, October 05, 2006

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odio las despedidas
dicen los que se van
los que se quedan
no

saben de viajes
los que se quedan
algo saben:

la distancia
viene igual que la suerte de encontrarse

no hay que vivir
de recuerdos es mentira

saben de viajes y no saben
los que se quedan
nada más

Wherever the children go I'll follow them

Abandoned love es una canción maravillosa y no muy conocida de Bob Dylan. Parece que en realidad iba a estar en Blood on the tracks, que ya sin esa canción, es un discazo. Finalmente apareció en Biograph (1985). Resulta inexplicable como Dylan dejó tantas canciones bellísimas fuera de sus discos. Aunque es posible pensar que lo hizo de precavido nomás, por si se quedaba sin canciones. Muy astuto este Bob, un excelente administrador de talento.

Volver

Me gustaron los saquitos de colores de Raimunda y algunos de sus vestidos. Y me gustaron también sus zapatos de plataforma, altísimos, le quedaban muy bien. Yo una vez me compré unos parecidos, pero cuando caminaba, mis rodillas siempre iban a media cabeza de ventaja del resto de mi cuerpo. Ah, se me piantó un lagrimón (no era para tanto, ya sé) cuando la mamá sale del baúl del auto y le dice a Soledad ¿No me vas a dar un abrazo? A mí Soledad me cae bien. Me hace acordar un poco a mi hermana, así que hoy la llamé, pero no pude encontrarla. A la noche soñé que tomaba un cortado con Almodóvar y me decía que él realmente no entiende a las mujeres. Yo le decía que yo no entiendo a los hombres. Entonces nunca vas a matar a uno, me dijo, pero vas a querer matar a todos.
Y volviendo a la peli, me dio la sensación de que Almodóvar la escribió para tratar de responder a la pregunta de por qué las mujeres queremos tanto a los hombres. Pero por suerte no la respondió, sólo preguntó.
Almodóvar escribe bien, sí, sí.

Tuesday, October 03, 2006

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una oreja un lunar una avispa
un punto
ranas que se exilian
machos de todas las especies

como bebés vagabundos

Thursday, September 28, 2006

una vez te dibujé
con un cigarrillo en la boca
y tus anteojos
enormes

no eras vos

no importa
te dibujé y te guardé
en el primer cajón del escritorio

podíamos ser
ahora que me acuerdo
increíblemente crueles

te guardé y te perdí
entre mis papeles
de carta

deseaba
realmente
quería que te mueras

total tenía a mamá
que me podía cuidar

después
cuando te fuiste
te transformé en mi superhéroe


y seguí tus pasos
nadie me veía

seguí tus pasos
al pie de la letra

en sueños me engañabas
me levantaba segura
de que estarías por ahí

me parecía verte
en la calle, en un auto
llevando a una rubia a pasear

ahora que ya no te creo
no sabés cuanto te extraño

y qué bien me hace saber
que no puedo
que no te voy a alcanzar

Tuesday, September 26, 2006

quiero que me saques a pasear

me aburre
este pasillo blanco
y negro
donde el único ser vivo
que existe
es una tortuga
con ojos de chicle globo
y la boca vieja

quiero que me saques
que me saques la ropa
en un lugar donde todos
no/s pudieran ver

Wednesday, September 20, 2006

Hay noches realmente raras

Como por ejemplo, la de anoche, que soñé que era la bajista de Talking Heads y en medio de un solo im-pre-sio-nan-te venía mamá a regalarme antiparras para que no me lloren los ojos cuando corto cebollas.

Sunday, August 06, 2006

L'argent est tout!!




Pasé mucho tiempo sin escribir por varios motivos. Esto puede sorprender mucho: algunos pocos me entenderán y supongo que la mayoría se va a ofender y, tal vez, algunos dejen de hablarme. Pero lo que tengo para decirles es que estuve pensado mucho y llegué a la conclusión de que la aparente horizontalidad de los blogs es totalmente falsa. Hace tiempo que vengo viendo muchos blogs, y aunque muchos realmente me agradan y alguno que otro hasta puede llegar a interesarme, considero que mi blog es uno de los mejores. No es soberbia decir la verdad, y sí es ser engreída para mí pecar de humilde: de todos los blogs a los que tengo acceso, nunca vi tanta espontaneidad intempestiva, tanta frescura literaria. Es por eso que estoy pensado un poco qué hacer con mi blog, y no se sorprendan si empiezo a cobrar las entradas a esta página. Al fin y al cabo, se paga por páginas porno, por estúpidos juegos virtuales, por páginas que buscan pareja... por qué no van a pagar por este blog que, por otra parte, junta todas esas cosas en un cocktail delicioso...

Friday, June 30, 2006

día triste. tristísimo.

Monday, June 26, 2006

Mi verdadero padecer

La tarde del domingo tuve pensamientos tristes, por ejemplo, tomé conciencia de que soy pobre y si llegan a cada rato esas cadenas de mails que dicen que si uno tiene techo, heladera, cocina y ese tipo de cosas, uno puede considerarse dentro del 10% más rico del planeta, es para hacerle creer a uno que no es pobre, pero uno es pobre igual, no jodan.
Mi miedo más grande es terminar en la calle. Me imagino durmiendo en un banco de plaza -de día, porque de noche es peligroso quedarse dormida-. Tendría en mi mochila un cepillo de dientes, una libreta, un lápiz y el DNI. Qué neurosis ni neurosis, lo mío es una clase media recalcitrante.
Después me quedé dormida y soñé que estaba por tener un hijo y todos me felicitaban, no porque iba a tener un hijo, sino porque no había engordado nada. Llega el doctor a la sala de parto y me dice que no tiene peridural. Le digo que está bien, que me la banco. Pero el chiquito al final decidió no nacer, como que le dio cosita hacerme sufrir tanto. Un tierno total, ¿no? O un cómodo.

el alcohol es un caballo enjabonado

Cuando tomo alcohol puedo llegar a preguntarme cosas como por qué al barrio de Caballito no le dicen Pony, que suena más lindo. Y de ahí, mi mente se puede ir al recuerdo de los Pequeños Ponies. Me encantaba peinarles las crines y también me acuerdo que cada vez que me obligaban a bañarme, para hacer el trámite un poco menos solitario, los metía conmigo en la bañera y los embadurnaba con jabón, shampoo y crema de enjuague: service completo de belleza. Mi preferido era el blanco con pintitas de colores y crines color verde. Creo que se llamaba Confite.

A los portaparaguas desconsiderados

Siempre me indignó la falta de consideración que los transeúntes portaparaguas tienen con los que no usan paraguas. Si tienen paraguas ¿Por qué se empeñan en caminar debajo de los balcones y techitos? ¿Por qué? Además, cuando deja de llover y cierran sus paraguas no reparan en que estos son objetos peligrosos que se pueden clavar en el estómago de las personas que caminan detrás de ellos. Yo ahora uso paraguas porque encontré uno que es una monada, pero prometo vengarme de los portaparaguas desconsiderados: si veo a uno que camina debajo de los balcones y techitos, no tengan dudas de que intentaré hundirle un ojo con las puntitas de mi precioso paraguas.

Friday, June 23, 2006

El amor, que por superficial no es menos contundente.

Mi amiga Amanda me cuenta que un día caminaba por las veredas de Caballito, cuando de repente ve un negocio de muebles antiguos y piensa: qué lindo sería entrar a ver muebles antiguos con un chico al que le guste acompañarme a ver muebles antiguos. Los meses pasaron. Una noche, en un concierto, conoce a un chico. Salen, se gustan, vuelven a salir, empiezan a conocerse de a poquito y un día, mientras caminan por las veredas de Caballito, sin que ella jamás le hubiese mencionado nada al respecto, él le dice: ¿entramos a ver los muebles? Me encanta ver muebles antiguos. Ella, ahí, justito ahí, se enamoró.

Es re loco esto del azar, a mí me pasa todo el tiempo, es más, a ella la conocí así. En la primera clase de literatura inglesa alguien dice algo de Foucault y yo, que estaba sentada al lado de Amanda, la escuché decir, ah, Foucault es un gran narrador. No pude no quedar medio pasmada después de eso que acaba de escuchar, porque era justamente lo que había pensado unas horas antes de entrar al aula. Nos pusimos a hablar y nos hicimos amigas. Foucault también me dio otra gran amiga, Loli, a la que igual que a mí, le parece que Foucault tiene la sonrisa más linda. Foucault, ahora que lo pienso, es mi punto débil, mi costado más sensible. También me pasó de leer un poema cuando era chiquita que me fascinó y muchos años después un chico al que nunca le había prestado atención me llamó por teléfono y sin siquiera decirme hola me lo leyó, y bueno, después de eso estuve varios años enamorada de él. Y otra vez, me pasó de ver a un chico y pensar es lindo, lástima que debe estudiar cine o diseño. Si estudiase Filosofía… y cuando le pregunté qué estudiaba, me dijo que era licenciado en Filosofía y ya no le pude encontrar ningún defecto, excepto que era perfecto y eso siempre, siempre, siempre es un problema.

Wednesday, June 14, 2006

El pasado

Hace unos días iba en el auto con mi mamá y mi hermana. Mamá se baja a comprar algo al kiosco. Yo giro la cabeza, la miro a mi hermana y le digo, Mamá es una caja de sorpresas. Siempre me cuenta cosas nuevas. Mi hermana me mira raro, ¿de qué me estás hablando?, me dice, a mí siempre me habla de lo mismo, que el abogado tal cosa, que el Banco tal otra, que los problemas de la casa, las cosas que se rompen, los impuestos, siempre lo mismo. Llega mamá y nos pregunta de qué estábamos hablando. Mi hermana le cuenta y mi mamá dice, es que vos Eugenia siempre estás revolviendo el pasado. Me gustó esa expresión (sin el tono peyorativo que la voz de mamá le otorgó al asunto): “revolver el pasado”, como si el pasado fuese algo que hay que cuidar a fuego lento.

Tuesday, June 13, 2006

Martes 13

Mi segundo cumpleaños cayó martes 13. También mi cumpleaños número 13, número 19 y número 24. Me acuerdo que un día antes de cumplir 13 le dije a una amiga bastante distraída que mi cumple iba a caer martes 13 y ella se quedó pensando hasta que me preguntó, ¿por qué el mío nunca cayó martes 13? Y claro, ¿cómo iba a caer martes 13 si cumplía el 7? Mi próximo cumpleaños que caiga martes 13 será el número 30. Eso va a ser duro Jason.

Pobre Princesa

Creo que los que nacimos en 1980 cerramos una generación: la generación que jugaba a Prince of Persia. A todas las personas más chicas que yo a las que les pregunté por dicho juego no lo conocen, o sí, pero de nombre nada más, porque lo jugaban sus hermanos o hermanas mayores. Por mi parte, yo no conozco a nadie que haya rescatado a la princesa.

Almuerzo universitario

Tendría que tener pudor en decir cómo empezó toda esta libre asociación, pero si tuviese pudor en mi blog, no tendría blog. Todo empezó con Primo Levi.

Flor abstrajo de la conversación el nombre Primo. Después pensamos que si los padres de alguien que se llama Primo son amantes de las cosas ordenadas, al siguiente hijo le tendrían que poner Segundo. ¿y al tercero? El tercero tiene que ser nena y llamarse Trinidad. El cuarto también tiene que ser nena y llamarse Abril ¿Y el quinto? Quintín. Después Sixto, el séptimo Domingo, el octavo Octavio, ¿el noveno?, otra vez nena: Luna, ¿y el diez? el diez… acá nos trabamos un rato. Ah, pero claro ¿cómo no se nos ocurrió antes? Diego Armando. Uh, y cuidado con éste, que es el séptimo hijo varón.

Cordones

Nunca coincide el momento en que se me desatan los cordones con el momento en que tengo ganas de atármelos, así que puedo caminar varias cuadras con los cordones desatados. Pero que una ande así, con los cordones al viento, parece alterar a la gente. A cada rato escucho un Che, flaca, se te desataron los cordones. Ayer mismo, un señor, desde la esquina me gritó ¡Nenaaa, tenés los cordones desatados! Yo, desde mitad de cuadra le dije gracias, pero seguí caminando con los cordones balanceándose de aquí para allá. Tienen buenas intenciones los que avisan, ¡pero qué molestos!, habría que decirles que hay gente que por vagancia aprendió habilidades tan estrafalarias como caminar con los cordones desatados sin caerse.

Monday, June 12, 2006

Felicidad pura

¿No les pasa que a veces se sienten felices, extremadamente bien, que no pueden evitar sonreírle a todo el mundo y no saben por qué es?

A mí me pasa, no muy seguido, pero me pasa. Ahora estoy en uno de esos momentos.

El error estuvo en contárselo a mi psicólogo, que todas las cosas positivas que le pasan a mi psiquis las atribuye al análisis y por eso decidió aumentar sus honorarios.

No es justo. Cuando estoy mal no los baja.

Oui mais moi

El viernes llego a casa y veo que el Banco me dejó (sin que yo la pida) una tarjeta Visa. Como un mono con navaja, pensé al imaginarme a mí con ese bichito rectangular en la mano.

El sábado probé una mezcla maravillosa: Spinoza, Sinclair y una pizca de CNNBS.

El domingo volví a ver Las invasiones bárbaras. Cuando me fui a dormir quise escuchar el cd de Françoise Hardy, pero no lo encontré.
Un punto es todo. Todo es un caos (ni hablar mi habitación). Pronto me mudo.

Friday, June 09, 2006

Sueño de la papa

Mamá había hecho ravioles y cuando estaba a punto de servirlos empezaron a llegar un montón de visitas. La comida no iba a alcanzar así que le dijo a papá que haga asado. Yo puse la mesa y me senté. Era yo, pero cuando yo tenía cinco años más o menos. Los demás estaban en el parque, revoloteando alrededor de la parrilla. Mamá me sirvió ravioles y le dije que no quería, que esperaba a que estuviese lista la carne. Vos comés ravioles, me respondió. Pero yo quiero carne, le dije y me miró con una cara como si la hubiese insultado. Me sirvió los ravioles, pero no los comí, seguía esperando la carne. Llegaron las bandejas con la carne y a mí no me servían porque tenía el plato lleno de ravioles. No es que no quiera servirte, me dijo papá, pero en tu plato no hay lugar. Pensé en comerme los ravioles para hacer lugar, pero me di cuenta de que no era un buen plan: iba a haber lugar en el plato, pero no en mi estómago. Bueno, no sé en qué momento -así pasa en los sueños- los ravioles se transformaron en una papa gigante. Yo estaba muerta de hambre y de rabia: quería comer carne y no me dejaban. Mamá se levanta de la mesa, va a la cocina y vuelve con una bandeja que contiene una croqueta de arroz, o algo así, algo nada tentador. Me dice, adentro hay carne. Clavo el cuchillo, abro la croqueta y adentro hay una papa, mucho más chica que la que ya tenía en mi plato. No sólo más chica, además estaba toda blanda, casi en estado de puré.
Es más que obvio, pero tuve que soñarlo para darme cuenta de que la imagen del padre que dan las madres a sus hijos siempre es más insignificante que la que cualquier hijo puede llegar a tener por sus propios medios.

La zona


En Stalker lo digo de forma abierta y yendo hasta las últimas consecuencias: el amor humano es ese milagro capaz de oponerse eficazmente a cualquier especulación sobre la falta de esperanza en nuestro mundo. Lo malo es que también nos hemos olvidado de qué es el amor.
A. Tarkovsky

Thursday, June 08, 2006

Frío

Domingo a la tarde. Tomo el subte. El chico que está a mi lado se levanta cuando estamos por llegar a la estación Congreso y deja debajo del asiento un bolso negro. Se acerca a la puerta y estoy a punto de decirle que se olvida su bolso cuando un pensamiento me impide abrir la boca: ¿y si es una bomba? Veo a la chica que está en frente. No tiene más de 20 años y se va a morir, igual que el señor de las manos enormes que está más a la izquierda y yo, claro. Somos tres, cuatro con el chico de la bomba, pero tres nos vamos a morir. No me parece justo ni injusto. Tampoco me parece triste. La sensación es de frío, pero no de ese que hace temblar, es frío de mano muerta, pienso, y me acuerdo de una canción que me cantaba mi abuela acerca de una mano muerta que resucitaba y después se volvía a morir, una cosa extraña. Mi abuela me cantaba cada cosa… por suerte, esas canciones tan trágicas las cantaba en italiano y ahora no me acuerdo mucho de ellas. Llegamos a la estación Congreso. Pienso que si no tuviese que morir dentro de unos segundos, debería bajar en la próxima. Se abren las puertas. El chico de la bomba está por bajar y no baja. Vuelve a su asiento. No es el chico de la bomba, no hay bomba, es un chico que, tal vez, no vea bien y necesite levantarse para leer el nombre de la estaciones. Me bajo en Saenz Peña y, como una recién nacida, lloro, pero para adentro.

Tuesday, June 06, 2006

A tener en cuenta

Grandes relatos, empezando por Frankenstein, nacieron de desafíos como éste.

Esta noche a las 23 hs., después de las lecturas del Grupo Alejandría, el segundo duelo: Romero vs. Funes.

Monday, June 05, 2006

Baisers volés

Un hombre entra sin querer al baño de damas y hay una mujer adentro. Entonces dice “disculpe señora” y se retira. Eso es cortesía. Ahora bien, si en cambio dice “disculpe caballero”, ese hombre tiene tacto.
Ah, entonces tengo tacto, le digo a Juan Pablo, porque cuando hay una persona que está en una situación incómoda, yo hago como que no la veo. No, no, me responde, eso sigue siendo cortesía. Para que sea tacto, le tenés que dejar bien en claro que realmente no la ves.

Monday, May 29, 2006

Fiesta en Colegiales

* Unos suecos, amigos de César, cantaban Vilma Palma & Vampiros: papá pa / papá pa / papá papá papá pa. Me acordé de una conversación que tuve con mi psicólogo sobre el seminario que está dando acerca de la caída de la figura paterna en las sociedades actuales. Mientras presenciaba tan extraña versión de la pachanga, pensé que mi psicólogo no debe relacionarse mucho con suecos.
* Me llamó la atención un cd que se llamaba “Cien años de murga”. Y yo que creía que la murga había empezado con la “onda Kusturica”…
* En un momento escucho “can't take my eyes off of you", pero no, miré para los costados y no me estaba mirando nadie.
* Mina, Mía, Nina... bueno, algo así se llamaba, me dice un amigo. Pienso en cómo se confundirán mi nombre otros: Eugenia, Rogelia, Eulogia... algo así.

Wednesday, May 24, 2006

Mini-ritos urbanos

Viajar tanto, pasar un tercio de mi vida en medios de transporte públicos, hace que indefectiblemente esté mucho tiempo conmigo misma y nadie más. Además del viaje, también tengo esperas entre actividad y actividad, así que soy una gran frecuentadora de bares. Es verdad que aprovecho ese tiempo para leer, para imaginar historias, mirar a la gente, recordar… Y si bien me gusta estar sola, también me pasa bastante seguido que me aburro de estar sola tanto tiempo, entonces, como no me animo a hablar con los desconocidos, y no sólo no me animo, sino que tampoco me interesa demasiado, porque prefiero, siempre prefiero, imaginarme como son, bueno, como me aburro, lo que hago es pensar en mí como si fuera otra. Entonces descubro mis acciones recurrentes. Una de ellas es abrir dos sobrecitos de azúcar a la vez, para el café con leche. La cuestión es que cuando pido un café negro suelo no ponerle azúcar, a veces sí, pero no le pongo más de medio sobrecito, sin embargo abro los dos sobrecitos y los dejo sobre la mesa, no sin algo de culpa por derrochar algo que podría usar otra persona, pero no lo puedo evitar, es un acto automático: llega lo que pido, sea café con leche, café, té, cortado, lágrima, y siempre abro dos sobrecitos a la vez. También me siento siempre en la misma mesa de los bares a los que voy, siempre trato de sentarme en el anteúltimo asiento del colectivo de la fila de los asientos solos, siempre viajo en el último vagón del tren, siempre camino por una misma hilera de baldosas (por eso odio las veredas con baldosas poco definidas, como esas que tienen baldosas color marrón clarito con rayas al estilo tabla de lavar) y cuando bajo del colectivo, siempre tengo que pisar el suelo con el pie derecho. No cuento los escalones para de esa manera calcular qué pie poner primero en la escalerita a fin de llegar con el derecho a la vereda, no, nada de eso. Sin pensar ni calcular, sé (de manera misteriosa) qué pie poner primero para llegar con la derecha al suelo. Lo loco es que esta precisión no se debe al hecho de que los colectivos tienen siempre la misma cantidad de escalones: varían (en una oportunidad me dediqué a contar los escalones de distintas líneas de colectivos y lo comprobé).
Así que eso de no calcular, avanzar, seguir el instinto, por ahora nunca me falló. Lo que sí no es muy cierto, es esa creencia que dice que llegar con el pie derecho trae suerte. A veces sí, a veces no. Pero en mí ya se volvió una costumbre.

Monday, May 22, 2006

Recuerdos encubridores

Cuando cursé Semiología del CBC en Paseo Colón, nos tomaron un examen diagnóstico para ver como andábamos a nivel redacción y argumentación. Me saqué un nueve. Dejé de cursar a mitad de cuatrimestre porque conseguí trabajo y luego volví a cursarla en el cuatrimestre siguiente. Mismo examen, distinta profesora, nota: dos. Fue bastante traumático porque, además de que nunca me gustó sacarme una nota más baja que siete, me entregaron la nota justo el día en que el chico que me gustaba se sentó al lado mío. Tuve una historia totalmente platónica con ese chico. Me enamoré perdidamente de él, que leía a Arlt y a Rilke y me decía que no siga perdiendo el tiempo con Cortázar. Una vez nos besamos, pero fue un beso muy breve porque me empezó a sangrar la nariz. Y después que terminamos de cursar no nos volvimos a ver nunca más, hasta la semana pasada que lo vi en la facultad. Él no me vio. Pensé en ir a saludarlo, pero ¿qué le iba a decir? "hola, soy la chica de la nariz sangrante, la que arruinó tu camisa rayada tan linda, que usabas hace seis años atrás", mmm, no. En esos momentos es cuando más odio ser tímida. En fin, justo ese día rendí un parcial de Literatura Argentina y en el momento en que la profesora me entrega el parcial la reconocí: fue la profesora que me puso un dos. Hasta ese momento no me había dado cuenta de que era ella. Todavía bastante aturdida por las dos apariciones, llené dos hojas enteras acerca de Lynch y Güiraldes con el único propósito de terminar rápido y ver si me volvía a encontrar con él. Bueno, no, como era de esperar, no lo volví a ver.
Todo el mismo día.
¿Es esto casualidad? El tiempo es algo que me desborda, que me da bastante miedo.

Monday, May 15, 2006

mi amigo Quentin en la India

quentin dice:
hola bonita, acki te mando algunas fotos de la india.




La neurosis y la nada

Psicoanálisis: Hay que decir la nada para que deje de ser nada.
Neurosis: OK. Nada tiene sentido. Nada es suficiente. No soy nada. Todo es nada. Nada de nada. No me importa nada. Nada me complace. No quiero nada. Nada es nada. Nada, nada, nada. Listo. Psicoanálisis: ¿Mejor?
Neurosis: No, pero igualmente, gracias.
Psicoanálisis: De nada.
Neurosis: ¿...?
Psicoanálisis: Oh, no, perdón, me mimeticé. En realidad quise decir "son 45 pesos".

Teoría vs Cine

El amor es palabra, y si no queda claro, no es necesario leer a Kristeva, basta con ver Sleepless in Seattle.

Compañeras

Pasaron más de ocho años. La última vez que nos vimos fue en la fiesta de egresadas: yo, totalmente borracha, ella, muy cansada: acababa de rendir el examen de ingreso a Medicina. Desde jardín hasta cuarto año éramos de las alumnas más aplicadas, pero en quinto yo empecé a perderme y es el día de hoy que todavía trato de encontrarme. Nuestras hermanas eran amigas. Nosotras no. Éramos compañeras de colegio, íbamos juntas a inglés, a ella le daba risa como yo decía “mosquitous”. Igual, nos unía algo especial, nos unía un humor tímido (y por eso bastante maldito), era de esas pocas personas con las que me entendía sin intercambiar palabras: una mirada cómplice bastaba y ya sabíamos que estaba pensando la otra. Tal vez por esa conexión es que nunca nos hicimos “amigas de contarnos todo”, tal vez, pienso, no hacía falta crear lazos que en realidad ya existían sin que nos lo propusiéramos. Nuestro punto más alto a nivel conexión fue cuando un día, a los 14, me dijo leé esto y me dio las Confesiones de San Agustín. Cuando terminé la secundaria me sentí perdida por muchas razones, pero una era que ya no iba a ser su compañera. Nunca me sentí tan estimulada para aprender cosas como cuando aprendía al lado de ella. Sol, a pesar de haber pasado exitosamente el examen de Medicina, supe que finalmente se decidió por Derecho. Yo, debo confesar que pensé en estudiar Derecho para seguirle los pasos, pero esa decisión (por suerte o por desgracia, nunca voy a saberlo) duró menos de un cuatrimestre. El jueves nos encontramos en el tren y fue como si nos hubiésemos visto el día anterior. Cuando bajamos en Ituzaingó me preguntó ¿vas para la casa de tu vieja?, Sí, le dije, y comprendió por el tono de mi voz que vivo eso como un fracaso, que ya sería hora de ir a otro lado, de ir a algún lado. Yo también voy para lo de mi vieja, me dijo como diciéndome “no te preocupes, te entiendo”.

Pasaron más de ocho años. Pienso en esa frase que escucho tan frecuentemente: “en realidad, siempre estamos solos”. Puede ser que de alguna manera eso sea cierto. Pero sólo de alguna manera.
Hasta "mañana" Sol (y que el futuro nos encuentre lejos de casa).

Friday, May 12, 2006

mi escritor preferido

Por ahora, nadie le gana a Freud.

Wednesday, May 10, 2006

Los asesinos tímidos Nº2



mañana jueves, a las 21 hs., estamos en Filo presentando la revista.

papel sobre el suelo

no te robé
para drogarme
ni me acosté con
tu mejor amigo
no te dije cuánto
te odié
la noche que supe
que andabas con ella
no
no te grité
no te pegué
no intenté quedar
embarazada
ni te amenacé con
suicidarme
nada
nada de
voluptuosidad
de amor
nada
y sin embargo
ahora
que
junto mis cosas
para irme
quisiera que esos lobos
me coman los pies

Sylvia Radcliffe, 1973.

Thursday, May 04, 2006

cuanta razón tenía papá cuando me decía "vaga de mierda", pienso, mientras revuelvo el café con un cuchillo por no lavar una puta cucharita.

Friday, April 28, 2006

casi-crash

Me dice, “ayer te vi en la parada del colectivo y casi choco”.
Frases como ésta son las que dan a pensar que si no es un piropo, es una flor de puteada. En este caso, teniendo en cuenta mi falta de despampanante presencia, creo que se trató de la segunda opción, que lejos de ofenderme, me hizo desfallecer de envidia: nunca aprendí a putear de manera tan sofisticada.

Thursday, April 27, 2006

When you're a stranger

Siempre me dicen que soy rara. Claro que yo no me considero rara porque para mí “raro” vendría a ser algo así como un ingeniero nuclear austríaco, miembro honorífico de la Asociación de la Lucha contra el Desorden. Eso sí que es raro. O los biólogos que se dedican a clasificar plantas y publican sus innovaciones clasificatorias en revistas especializadas de Alemania. Y ni hablar de los abstemios.

Yo simplemente muerdo las biromes, me da fobia que me toquen el cepillo de dientes, me robo los encendedores sin querer, pierdo el sentido (ya hablé de eso en otro post), me deprimo por insignificancias, soy bastante caprichosa, casi nunca sé lo que quiero... pero eso no es ser rara. Eso es ser insoportable nada más.

Wednesday, April 26, 2006

La apomorfina es a los yonquis, lo que Houellebecq a los adictos de TV.

Thursday, April 20, 2006

Carvermanía

Interesante artículo, encontrado por el desaparecido Dragón del Mar, acerca de El hombre que reescribía a Carver

y más de Carver hoy:

Miedo
Miedo de ver una patrulla policial detenerse frente a la casa.
Miedo de quedarme dormido durante la noche.
Miedo de no poder dormir.
Miedo de que el pasado regrese.
Miedo de que el presente tome vuelo.
Miedo del teléfono que suena en el silencio de la noche muerta.
Miedo a las tormentas eléctricas.
Miedo de la mujer de servicio que tiene una cicatriz en la mejilla.
Miedo a los perros aunque me digan que no muerden.
¡Miedo a la ansiedad!
Miedo a tener que identificar el cuerpo de un amigo muerto.
Miedo de quedarme sin dinero.
Miedo de tener mucho, aunque sea difícil de creer.
Miedo a los perfiles psicológicos.
Miedo a llegar tarde y de llegar antes que cualquiera.
Miedo a ver la escritura de mis hijos en la cubierta de un sobre.
Miedo a verlos morir antes que yo, y me sienta culpable.
Miedo a tener que vivir con mi madre durante su vejez, y la mía.
Miedo a la confusión.
Miedo a que este día termine con una nota triste.
Miedo a despertarme y ver que te has ido.
Miedo a no amar y miedo a no amar demasiado.
Miedo a que lo que ame sea letal para aquellos que amo.
Miedo a la muerte.
Miedo a vivir demasiado tiempo.
Miedo a la muerte.
Ya dije eso.

Monday, April 17, 2006

La intempestad

A veces pierdo el sentido de todo. Me puede pasar en cualquier momento: en el supermercado o en la parada del colectivo, mientras espero en la fotocopiadora de la facultad, en una fiesta o frente a la pantalla de la computadora. Lo peor es cuando me pasa en plena conversación con alguien, eso sí que es feo ¿Y de qué se trata esto de perder el sentido de todo? Quiero aclarar que no es una hipérbole: cuando digo “todo” realmente es todo, entonces suelo quedarme muda y con el corazón agitado. A veces el sentimiento es menos agudo o lo veo venir, así que, en el caso de estar en plena conversación con alguien, trato de contrarrestarlo con una catarata de palabras que en realidad no quisiera decir, porque en ese momento la puerta entre inconsciente y conciente pareciera brillar por su ausencia. Con el correr de los años esta parálisis mental me pasa cada vez más seguido. La primera vez fue a los 5. Era un sábado a la tarde. Terminé de comer, me fui a mi habitación y me senté en la cama. Era verano. Mi cama tenía unas sábanas de gatitos y estrellas. Miré las cortinas rojas con dibujos de Hansel y Gretel, miré mis zapatillas con abrojos, la cama de mi hermana enfrentada a la mía con sábanas azules y dibujos de Snoopy. Volví a mirar mis zapatillas; no me gustaban, nunca me gustaron las zapatillas con abrojos, pero ni siquiera pude odiarlas. No me pasa nada, pensé, nada, nada, nada. Salí al parque. Vi el nogal lleno de nueces y no tuve ganas de recolectarlas. Oí los ladridos histéricos del perro del vecino y no tuve ganas de chistarle para que se calle. Vi el ciruelo tratando de darle batalla a la muerte, porque, pobrecito, estaba muy debilitado, y le pregunté –para mis adentros, claro- por qué, por qué quería seguir viviendo si no pasaba nada, si todo era lo mismo. A los ocho volví a tener la misma sensación, pero en esa oportunidad era más sabia que a los cinco y que ahora (creo que los ocho fueron mi época de oro). Ahí el sentimiento de la nada perdió porque yo tenía un arma infalible: la plena conciencia de que siempre se construye sobre arena y si viene una ola gigante a arrasar con todo, se vuelve a construir, así es la vida. Bueno, después vinieron unos cuantos maremotos seguidos que me arrancaron el arma y me quedé sólo con un escudo para enfrentar al dragón Nada, un escudo raro, peludito, un pincel digamos, y por eso pinto.

Tuesday, April 11, 2006

Tres intempestivas de martes por la tarde

lo prefiero/me molesta/me encanta

*Tal vez porque estoy acostumbrada a saber los argumentos de los libros antes de leerlos es que no me molesta que me cuenten las películas, es más, podría decir que hasta lo prefiero, sobre todo cuando las cuenta Carolina, experta en inventar diálogos, intensificar escenas, describir personajes que en la pantalla, indefectiblemente, se ven más vulgares, menos de película. Así que la pasión entre Chris Wilton y Nola Rice no me pareció tan espectacular, pero igual Match point es una muy buena película.

*Y hablando de Woody Allen, me molestan bastante los intelectuales que menosprecian a Woody porque no es Bergman, como si para nombrar a filósofos y escritores de la alta cultura sólo debiera hacerse de manera críptica, con sutiles guiños sólo para entendidos, y todo para que estos últimos se sientan re inteligentes porque pueden ver lo que el resto no.

*Me encanta que haya una marca de papel higiénico que se llame Elite.

Wednesday, April 05, 2006

Tuesday, April 04, 2006

Abril, 1988.

Cuando cumplí 8 tenía una bicicleta rosa, a la que casi un año antes mi papá le había sacado las rueditas, y se la presté a todas mis compañeras invitadas al ágape en el parque de mi casa, menos a Gabriela. Ella me decía, dale Euge, ¿después de Gimena, puedo subirme yo?, ¿después de Marina, puedo subirme yo?, ¿después de Magdalena, puedo subirme yo?, ¿después de Josefina, puedo subirme yo? Y yo le respondía no, no, no, y es el día de hoy que no entiendo por qué tomé esa decisión totalmente arbitraria, porque Gabriela, a diferencia de Mara que me robaba los lápices y les ponía su nombre para que yo no pueda reclamarlos, o Josefina, que comandaba un escuadrón de niñas golpeadoras que más de una vez me agarraron desprevenida en colegio cuando no había ninguna autoridad mirando, o Verónica, que era extremadamente linda y yo moría de envidia, o Aranzazu que había creado una logia a la que no me dejaron entrar por no haber pasado la prueba de ingreso, o Cecilia, que se metió adentro de la caja donde iba guardando todos los regalos y los más frágiles terminaron en la basura, o María Laura, que me perdió los zapatitos de la barbie cristal y ni siquiera me pidió disculpas, a diferencia de todas ellas, Gabriela no me había dado ninguna razón, nunca, para que yo no le prestase mi bicicleta.
Qué mierda es una a veces.
Lo peor, es que después de 18 años, siento que no me encuentro totalmente exenta de cometer ese tipo de injusticias.

Friday, March 31, 2006

amiga

¡Qué sería de la vida sin amigos! Viv me dice ¿Por qué no exponés tus cuadros? son muy lindos, y yo sé que lo dice por la amistad que nos une.

última consideración por hoy

El primero en borrar al otro de sus contactos es quien salió más herido de la relación.

(así que estimado lector, si quieres disimular tu desgarramiento cardíaco, no lo borres)

cansancio

Ayer me senté durante dos horas en el piso para escuchar una clase de Literatura Argentina, esperé una hora el tren, debí viajar apretujada conteniendo la respiración para evitar oler cosas nada agradables, llegué casi a la 1 de la madrugada a mi casa, no había nada para comer, me fui a dormir, no pude dormirme hasta las 3 de la mañana, así que me puse a pensar si todo esto tiene sentido. Mejor no pensar, mejor no pensar. Ando de capa caída.

Microfísica del desorden

Cada vez que intento ordenar las carpetas y archivos de mi PC me encuentro enfrentada al monstruo abismal de lo inconmensurable, o algo por el estilo que suene así de rimbombante. Por ejemplo, la carpeta de los archivos de la facultad está adentro de una carpeta que se llama “Desdémona”, que es una obra de teatro que escribí en el 2004, pero el archivo de la obra se encuentra en una carpeta que se llama "Personales". Asimismo, la carpeta “Desdémona” está ubicada dentro de otra carpeta que se llama “2004” y la carpeta “2004” está adentro de otra que se llama “2005”. La carpeta “Imágenes” está vacía y los archivos de fotos están adentro de una carpeta que se llama “Cosas lindas”. “Cosas lindas”, por su parte, está adentro de una carpeta que se llama “David Lynch”. En la carpeta de “Saer” también hay fotos y la monografía final de Teoría literaria II. El ensayo de Saer propiamente dicho está en una carpeta que se llama “Serie”. El archivo de la serie que estuve escribiendo en el 2004 recién acabo de encontrarlo en una carpeta que se llama “Sólo para mí” y lo borré, era horrible, insalvable. En la carpeta “Música” hay archivos de partituras y también otra carpeta que se llama “Poesía”. En “Poesía” están los MP3 y un Zip del libro Orgullo y Prejuicio. En la carpeta “Ebooks” hay algunos libros, pero también está una especie de diario íntimo que escribía en el 2002. Las poesías están desparramadas por todos lados, así que el día que quiera reunirlas, tendré que entrar a todas las carpetas, cosa que evito sistemáticamente: hay algunas carpetas que hace años no reviso (tengo miedo de lo que me puedo llegar a encontrar).

Thursday, March 30, 2006

Un intelectual de vanguardia


"Es evidente que la única literatura válida de hoy en día es la que se halla en los informes y las revistas científicas" W.B.

Wednesday, March 29, 2006

"Los asesinos tímidos"

Pueden conseguirla en los lugares que figuran a continuación. Recuerden que en mayo llega el número de dos, con más páginas y artículos muy interesantes gracias a los colaboradores de lujo que amablemente nos acompañan en este proyecto.

Librerías:
Bauen: Callao 360
Belleza y Felicidad: Acuña de Figueroa 900
Biblos: Puan 378
Centro Cultural de la Cooperación: Corrientes 1543
Clásica y Moderna: Callao 892
Edipo: Corrientes 1686
Gambito de Alfil: José Bonifacio 1402
La boutique del libro: Thames 1762
La cita: Charcas 3315
Librería de las Madres: Hipolito Yrigoyen 1584
Prometeo: Honduras 4912
Rayo Rojo: Santa Fe 1670

Kioscos:
Callao 1812
Callao y Corrientes
Corrientes 1620
Corrientes 1800
Corrientes 1811
Corrientes 1894
Corrientes 2084
Puesto 62: Parque Rivadavia

La fiesta de Sigmund


El Pésame, cuando yo recibía educación religiosa, no estaba de moda, sin embargo, mamá me lo enseñó a rezar igual. Siempre me pareció terrible esa oración, pero como a ella le gustaba, yo trataba de evitar interpretar esa sucesión de palabras, simplemente las repetía, y a fuerza de repetición, es el día de hoy que cuando estoy angustiada, o simplemente aburrida, vuelven a mi cabeza: “Pésame Dios mío y me arrepiento de todo corazón de haberos ofendido. Pésame por el infierno que me merecí y por el cielo que perdí, pero mucho más me pesa porque pecando ofendí a un Dios tan bueno y tan grande como vos”. Ah, una verdadera pesadilla de culpa, pero la razón principal por la que el Pésame me parece terrible es porque tiene malas intenciones. Eso de “y propongo firmemente no pecar más” es cualquiera, ¿cómo no voy a pecar más?, pensaba cuando era chica, hasta los santos se debían mandar sus pecadillos de vez en cuando. Además, si esa proposición fuese cierta, el Pésame se debería rezar una sola vez en la vida, porque si no se peca más ¿para qué rezarlo, si no hay nada de qué arrepentirse? Dios, ¿me querés hacer pisar el palito, no?, le preguntaba picaronamente, y por las dudas, para no recibir castigos divinos extras por proposiciones no cumplidas, lo rezaba con los dedos cruzados. Ayer tuve una pesadilla: era de noche y estaba sola en una iglesia. Rezaba. Empecé a desesperarme porque no lograba recordar el final de la oración: “y propongo firmemente no pecar más y evitar todas las ocasiones próximas de… de… de… “¡de deseo!”, me grita Jesús, y se baja lo más campante de la cruz. Todo chorreante de sangre empieza a caminar hacia mí y me despierto sumamente sobresaltada, pero no por la sangre, sino porque, en realidad, la oración no termina con la palabra deseo, sino con la palabra pecado, “evitar todas las ocasiones próximas de pecado”. Maldito inconsciente mío, pienso, ¿por qué seré tan de manual?

Wednesday, March 22, 2006

Sarah Kay


Estuve dando vueltas por Other voices, other rooms. Siempre me fascinaron los personajes como Idabel Tompkins, esa pelirroja tremenda, medio marimacho, con las rodillas huesudas llenas de cicatrices, a la que nadie, nunca, vio llorar, ni siquiera cuando le mordió una serpiente venenosa la pierna. Pienso que si siempre me fascinaron los personajes como Idabel, es porque se trata de personajes totalmente opuestos a lo que fui yo de chica. A mí solían decirme “qué femenina es esta nena” o “qué coqueta” (y hablando de coquetería: una vez, a los cinco, en un cumpleaños me caí de una hamaca, me rompí la nariz y me hice un moretón gigante en el ojo, y lloré mucho, pero no porque me dolía la cara, sino porque me había despeinado). En fin, en la primaria no era del grupo de las del fondo, sino de las que se sentaban en los primeros bancos, con el uniforme impecable, el moño rojo en la cabeza y la cartuchera llena de lápices y gomitas de colores, era de las del grupo a las que despectivamente llamaban “las chicas Sarah Kay”. Al igual que las chicas reas, sí me fracturé huesos, pero nunca por subirme a árboles altísimos, ni por caerme en medio de una corrida de vida o muerte escapando de algún lío. Cuando tenía diez meses, la hija de una amiga de mi mamá me quiso hacer upa, no me sujetó bien y terminé en el piso. Consecuencia: me rompí un tobillo. Más tarde, a los ocho años, me subí a un tronco de no más de 15 cm. y me rompí el húmero izquierdo Ahora, a la distancia, pienso que uno no elige a qué grupo pertenecer, digamos que hay ciertas condiciones ¿naturales? que nos ubican en ellos. Mi vocecita y la obsesión de mi mamá por la pulcritud de sus hijas me parece que fueron determinantes al momento de pertenecer a un grupo. En la adolescencia me rebelé: me corté el pelo, adopté un estilo grunge, traté de incorporar más y más malas palabras a mi vocabulario habitual, pero nunca, nunca, logré dar la apariencia de rea. A lo sumo me decían: estás deprimida, no?

Monday, March 20, 2006

Clarice Lispector

Ahora, desde que Julieta Prandi declaró que es fanática de Clarice Lispector, es difícil descubrir a esta escritora de manera azarosa, pero mi historia con Clarice, por suerte, fue anterior a la fama de Julieta:

Ella hablaba a los gritos en francés, recién volvía de París y en cinco meses había aprendido a decir bastantes blasfemias en ese idioma (lo primero que uno aprende y lo último que se olvida, creo). Él no volvía de París, pero al igual que ella era bailarín. Yo estaba con Carolina caminando por San Telmo cuando vimos que ella salió a los gritos de un bar y él detrás de ella. No recuerdo cómo fue que empezamos a hablar, la cuestión es que nos caímos simpáticos y terminamos los cuatro en el Británico. Hablamos hasta el amanecer. En esa época yo no salía sin mi cuaderno (no sé por qué perdí esa costumbre) y en un momento de la noche, no sé qué fue lo que dije, qué a él se le ocurrió escribir en mi cuaderno Clarice Lispector. Así supe de Clarice. Muchos años después, más precisamente el sábado pasado, Cata nos dice a Caro y a mí que ella también descubrió de una manera extraña a Clarice, pero no llega a contarnos cómo la conoció, sino que inmediatamente trae el libro y Caro lee “San Tiago”:

No, no toda lucidez es frialdad. No la de San Tiago Dantas, por ejemplo, que era acusado de frialdad. Si bien el propio Schmidt se contradecía al respecto.

Conocí a San Tiago en París. Enseguida formamos un grupo. Y no sé por qué resolvimos que aquella noche saldríamos a recorrer los night clubs de París. Cosa que hicimos hasta el amanecer. Donde los violines cantaban demasiado afinados y muy cerca de nosotros, allí íbamos. Pero sucede que en una noche larga se bebe. Y yo no sé beber. Si bebo, o me da sueño o lloro un poco. Pero si sigo bebiendo, empiezo a ponerme brillante, a decir cosas. Y no sé qué es peor. Esa noche sucedieron ambas cosas. San Tiago, si era de llorar, no lo mostraba. Su lucidez en verdad era un gran control y no frialdad.

Ay, cuántos muertos ya había potencialmente en el grupo. Schmidt, Bluma, Wainer, San Tiago. Nadie lo sabía. ¿O lo sabíamos? A tal punto que no soportábamos un sinfín de violines afinados.


Había una dueña de boite que también actuaba como cajera. Llevaba los hombros descubiertos, hombros plenos y muy fuertes. Hablamos mucho de hombros. Los míos se veían frágiles. ¿Qué había bebido? Lo que me dieron, y mezclé mucho.Hasta que empezó a madrugar, a casi amanecer despacio. Nadie tenía sueño, pero ya era hora. Nos fuimos caminando. Y San Tiago descubrió en las esquinas de París a las primeras vendedoras de flores. No puedo decir cuántas rosas me compró. Sé que yo marchaba por las calles sin poder cargarlas de tantas que eran, y que a medida que caminaba las rosas se caían al suelo. Si alguna vez fui linda fue en aquel amanecer de París, con rosas que caían de mis brazos plenos. Y un hombre que engalana a una mujer no tiene una lucidez fría.


El relato sigue, pero Caro, que tiene una adorable inclinación hacia los finales felices, decidió culminar ahí la lectura.

(las negritas son mías)


Friday, March 17, 2006

Sadness and indolence

todas balas
palabras
incrustadas en el estómago

pesadillas:

* caer de boca en medio de la calle

* como un lobo deprimido
deambular

* ver
envueltos
en sábanas
manchadas
de menstruación

deseos

deseos
hipotéticos:

* destierro

* Estado y enemigos

* pataleo

y en plena conciencia
el problema:

* nadie me obliga a salir
de esta pocilga de nena
rosa
rosa
sin padre al que engatusar

* soy un monstruo asustado

pensar:

* que todo esto
es tan sólo el disfraz
de un beso

* una mirada
difícil

Judy Abbott, 1968.

Thursday, March 09, 2006

Presentación de "Los asesinos tímidos"

Digamos que la noche del martes no fue la noche más verborrágica de mi vida, así que aprovecho este medio para agradecerles a todos por habernos acompañado (incluidos los que no pudieron venir, pero igual nos alientan a la distancia en este proyecto).

Acá están las fotos de la presentación.

Monday, March 06, 2006

Nunca mejor descrito: Homo-histéricus


Lo que sigue a continuación es un comment de éste post, que describe de manera brillante la categoría "Homo-Histéricus".

Pía dijo...
Ya lo dije una vez y me tildaron de resentida... La realidad es que hay una nueva categoría: el "Homo-Histéricus" Esta especie tiene varios hábitats. Se lo encuentra tanto el el Rosedal de Palermo ( guiño cómplice para Bebu) como en las urbanidades de nuesta querida Baires...Y si señoritas, quien no haya experimentado con un ejemplar de esta naturaleza que tire la primera piedra!!! ( y que nos digan como evitarlos) Misión Imposible: Es difícil encontrar la estrategia adecuada para poder "dar en la tecla" con estos individuos... Aparecen de la nada, te tiran onda, utilizan vocablos como "te llamo", "nos vemos", " me gustás", etc (por su puesto todo esto por MSN!!!!) Y luego, cuando es la ahora de los bifes ... AQUI NO HA PASADO NADA SEÑORES!!! El Homo-Histericus esconde la cabeza cual avestruz, o siguiendo con el Reino Animal ( cuantas similitudes estoy encontrando, a propósito!), se entierra en la arena como el escarabajo; o se hunde en el agua como el hipopótamo y sólo deja los ojitos para espiar... suerte de vouyerismo reprimido, porqué no?Finalmente, cuando ya creés que todo está perdido y comenzás a mirar para el costado: zácate!!! Acecha nuevamente con un "cómo estás tanto tiempo?" De ahí en más sólo hay un paso para el famosísimo: "y si esta vez se pone las pilas...?"NO WAY GIRLS!!!

Friday, March 03, 2006

Paseo por San Telmo (un domingo de abril de 2005)

Cuando hago orden en mi PC generalmente encuentro cosas lindas.