Tuesday, November 28, 2006

A no faltar


Tantas noches como sean necesarias , de Ricardo Romero
Colección Laura Palmer no ha muerto / Gárgola Ediciones
Presentan Pablo Ramos y Federico Levín.
Toca Facundo Gorostiza.

HOY, martes 28 de noviembre en Bartolomeo Bar,
Bartolomé Mitre 1525, a las 20,30 horas.

Sunday, November 19, 2006

En lo que va de la semana ya van dos chicos que se refieren a mis piernas como jamones. Es de onda, aclaran al toque. De onda... ja, ¿qué quieren?, ¿hacerme creer que las piernas flacas son lo menos?, ¿o que las mías son apetecibles como un sandwich de jamón crudo italiano y tomatitos cherry?. No, no. Todo eso es muy poco verosímil. Yo no sé qué onda puede tener un comentario de ese tipo, pero igual es algo que ya casi no me afecta porque desde hace un tiempo, más precisamente desde que empecé a pensar en la idea de que abandonar el alcohol es una buena idea, cambié mi frase típica “estoy gorda” por otra más madura, más existencial y profunda: “estoy deprimida”. La contracara de la madurez, existencialidad y profundidad, es que en el mercado psi cotizan más caro que un simple complejo de gordura, así que desde que cambié de complejo, mi analista factura el doble (“factura” es una forma de decir porque nunca me dio una factura, y ahora que lo pienso, su declaración de ganancias debe ser trucha, así que nunca voy a revelar su nombre completo a ver si se lo llevan preso a mi gurú espiricultural (lee mucho más que yo), mi bastón anímico, mi arquero del sinsentido que resiste estoicamente mis llamados a las 6 de la mañana y suele abrir de urgencia su consultorio los domingos a la tarde para tratar de atajar mis patadas neuróticas). Bueno, igual, un poco me afecta lo de las piernas como jamones, no por las mías (no soy tan ombliguista), sino por el recuerdo de Luciana, una chica muy copada, con unas piernazas divinas de jugadora de jockey, a la que las loosers como yo, que aprobábamos todas las materias con diezalosumonueve (no por inteligentes, sino porque no teníamos muchos planes los fines de semana y el trabajo, es decir, el colegio en esa época, la tele y las canciones de Nirvana eran lo único con lo que podíamos combatir nuestro tedio adolescente) la admirábamos secretamente (y no tan secretamente. Yo dejaba que Luciana se copiase de mí en las pruebas de física a cambio de nada, porque ella nunca me invitó a sus fiestas de gente popular, así que si eso no es admiración explícita que me caiga ya una rana del cielo y me cante La canción del jacarandá de María Elena Walsh). Mi trauma con las piernas como jamones fue por culpa de un comentario muy desafortunado que hizo la Directora del colegio, la Hermana Mariana (que en realidad se llamaba Sonia. Sí, se llamaba. Ahora debe estar haciendo huevos fritos en el infierno), que no tuvo mejor idea que decirle a Luciana “¿No le da vergüenza usar el uniforme tan cortito con esos jamones que tiene en lugar de piernas?”. No es fácil para gente que siempre necesita tener a alguien de quien ser fan, como yo, escuchar que agredan de manera tan gratuita e inesperada a su “quiero ser como vos”, no, no es fácil, deja huellas imborrables. Después, por suerte, me vengué de ella (aunque solitariamente) cuando entré al CBC y descubrí a Marx. Con cada palabra que él decía acerca de la religión yo sentía estar echándole una gotita de arsénico al té con leche de Mariana, bah, a mi idea de ella, al fantasma marianista, cruel y amargo como el mate que ceban los que saben de mates, los que aprendieron de sus padres y sus padres de los abuelos de los que hoy por hoy ceban esos mates alabados por los críticos especializados en hierbas y la influencia de éstas en la cultura (aunque hay que reconocer que Mariana tenía sus virtudes porque, a diferencia de las otras monjas, no era reprimida y solía acostarse con el cura del San José, hasta que éste se volvió gay y ahí Mariana desarrolló su perversión discursiva con la gente que llevaba una vida sexual plena como era el caso de Luciana). Pobre Mariana, después se murió y me sentí culpable. Pobre, pobre de mí que siempre siento que todo es culpa mía, como cuando dije “odio a Juan Castro y ojalá se muera”, porque alabó una película que a mí me pareció nefasta (Irreversible) y zas, se le ocurre caerse del balcón. Aunque, claro, eso no es nada comparado con lo que pasó después: a menos de una semana de la tragedia castrense, sin que yo le contase nada a nadie acerca de la culpa que sentía por lo ocurrido, apareció una persona anónima en mi msn con un nick poco imaginativo, pero que llamó un poco mi atención y me dijo:

cuandomevoyquedanmoscas: hola Eugenie, ¿cómo andás?

Yoyyoodiamossersiemprelasmismaspelotudas: ¿quién soy?, perdón, quiero decir ¿quién sos?

cuandomevoyquedanmoscas: ¿No me reconocés?

Y apareció la foto de Juan cuando estaba vivo y rozagante.

Si bien nunca me metí a un lago helado del sur argentino por miedo a que se me pare el corazón con el cambio de temperatura, creo que en ese momento es como si me hubiese tirado de cabeza, más bien, como si alguien me hubiese empujado desde el borde de la piedra a la que me subí para ver si me animaba y claro, qué me iba a animar si soy re cagona. La incertidumbre de quién sería el anónimo duró poco, enseguida empecé a sospechar de quién se podía tratar: del fantasma de Mariana, que se enteró de mi deseo de echarle gotas de arsénico marxiano a su té con leche* y dejó de hacer huevos fritos por un tiempo para aprender a usar internet y darme un patatús desde el infierno (me acabo de dar cuenta de que la palabra patatús está agregada a mi diccionario word y me preocupa no acordarme cuando la agregué. Aunque ahora que lo pienso, las amnesias reafirman mi decisión de terminar de una vez por todas con mi exterminación sistémico-neuronal a base de alcohol y acumulación de experiencias traumáticas), porque yo no sé si imaginaba o era verdad que cuando Mariana se iba de algún lugar, el aula, el patio, el gimnasio, cualquier lugar de donde vi alguna vez que se fue, quedaban dando vueltas un par de moscas desorientadas que se golpeaban contra lo que tenían a la vista, o mejor dicho, tratándose de moscas, a la multivista, y yo le rezaba mucho a mi dios personal de esa época (que tenía la cara de Jim Morrison y estaba enamorado de mí, no de Luciana) para que no me toquen, porque las moscas son feas y me dan bastante impresión. De la mala.

*dicen que en el infierno hay satélites que permiten ver todo, pero todo todo, así que se puede ver a través del espacio, del tiempo y también de las cabezas de las personas en el espacio y el tiempo que al habitante infernal se le ocurra.

Friday, November 10, 2006

La rueda de la fortuna

Ayer casi me pisa un auto. Cruzo Brown pensando ¿y si me pisa un auto? y no me pisa, pero cuando vuelvo a cruzar, ahí sí casi vuelo. Quedo en medio de los autos un buen rato y luego lloro el resto del camino. Cuando llego me preguntan ¿qué te pasó? y yo digo “estoy alérgica”, pero después, al segundo, ya nadie me cree: es que lloro a cántaros y las alergias no son tan efusivas. Me dicen uh, qué distraída que sos, y sí. Después toco fondo cuando rompo la cerradura y pienso que me voy a quedar a dormir en el pasillo. Por suerte logro abrir la puerta. Llego al punto máximo de descreimiento de mis habilidades manuales y me ilumino: un simple movimiento me salva del pasillo y la bronca y la depresión por ser así como soy. A partir de ese momento todo vuelve a subir. Hoy es mejor y me acordé de esta canción.

Thursday, November 09, 2006

Yo era la última a la que elegían los que hacían “pan y queso” para armar el equipo de “El delegado”. Aunque una vez fui anteúltima. Me prefirieron a Marita, que unos días antes le habían sacado el yeso del brazo derecho y todavía lo tenía hecho un flan.

Me acordé de eso al pensar en mi perseverancia hiperboba, en esa energía animalita que tengo para hacer cosas que sé que nunca voy a hacer bien.

Monday, November 06, 2006

Les digo a mis amigos, ¡miren, Nicolás!, mientras señalo a un hombre grandote y canoso y ellos se ríen, me dicen, qué humor negro Eugenita, y yo contenta porque se ríen, aunque no entiendo bien por qué se ríen. Como seis horas más tarde, entre cerveza y cerveza, ella dice pobre Nicolás y yo pregunto ¿por qué pobre?, porque se murió, me estás gastando, no boluda, ¿en serio? ¿cuando?, la semana pasada. Me pongo triste, casi lloro, para qué mentir, lloro posta, y mis amigos me miran, ¿qué te pasa?, me dicen, no entienden la dimensión de mi pesar, y yo no sé... qué quieren que les diga...
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no me acostumbro a que la gente se muera.

Thursday, November 02, 2006