Saturday, February 03, 2007

La plancha

Desde hace tres o cuatro años no hay veraneo en el que no piense “tengo que empezar algún deporte”. Las largas caminatas por la playa o la montaña me recuerdan mi lamentable estado físico. Este verano sólo hizo falta subir y bajar una barranca no muy pronunciada para repasar mentalmente los posibles deportes que podría llegar a hacer de vuelta en la ciudad. Primero descarté todos aquellos que implican pelotas voladoras (tenis, voley, ping pong, golf, handball, etc) porque mi cabeza tiene una asombrosa atracción hacia ellas (aunque leí que hay una zona del cerebro que se llama ínsula y cuando esa zona sufre un traumatismo, a la persona le cuesta muchísimo menos dejar de fumar, claro que la pelota tendría que golpearme justo en la ínsula y vaya uno a saber exactamente cómo hacer para que la pelota sea tan precisa y no afecte otra zona). Después descarté el surf porque en la ciudad es un poco complicado practicarlo. También descarté la natación porque me aburre casi tanto como ir al gimnasio. Correr dicen que hace mal para la celulitis a si que por las dudas lo taché de la lista. Además tengo la impresión de que la gente que corre se muere joven de un paro cardíaco. Tai chi, yoga, karate, tai kuondo, son demasiado orientales y el boxeo poco saludable para mi nariz.
Terminé de pensar todo esto mientras hacía la plancha en el río Paraná y se me ocurrió que si hacer la plancha fuese un deporte yo sería una excelente planchadora. También se me ocurrió que se le debe decir “plancha” irónicamente, porque uno sale del agua con la piel toda arrugadita.