Wednesday, March 01, 2006

Sesión extraordinaria

1. Bajo del colectivo y encuentro plata tirada en la calle. Bastante. No sé cuanta. No una millonada, pero bastante y… ... ...
la dejo ahí.

2. Camino por Coronel Díaz pensando por qué no me apoderé de la plata. También pienso que esto no se lo voy a contar a mi psicólogo porque él lo resume todo hablándome de mi goce en la falta.

3. Es temprano. Entro en el bar al que voy siempre antes de análisis y el mozo me dice Hola, ¡qué bueno verte por acá otra vez! Tanto tiempo… ¿estuviste de vacaciones? Sí, le digo, y si bien no le miento, le oculto información: de vacaciones sólo estuve 15 días y todo el resto del tiempo me dediqué a esquivar, con excusas cada vez menos creíbles, al analista.

4. Me siento en una mesa que da a la ventana. La ventana está abierta. Pasa una enfermera. Me mira. La miro y me dice: ¿Vos sos Sol? No, no, respondo, pero como dudando realmente si seré o no seré Sol. Ah, te parecés mucho a Sol. Se va y me quedo con una sensación inexplicable.

5. Cuando era chica me quería llamar Sol. Le insistí a mi mamá para que me cambie el nombre pero no hubo caso. Eugenia es más lindo me decía. Entonces, arremetí contra el apellido. Lloraba horas y horas. Hacía unos berrinches terribles, pataleaba, me ponía toda roja de bronca porque mi apellido me parecía lisa y llanamente horrible. Si te escucha tu papá te va a matar me amenazaba mi mamá y como sus amenazas no tenían ningún efecto sobre mí, terminaba llevándome hasta el baño y me metía debajo de la ducha, así como estaba, toda vestida.

6. Frente al café negro pienso que si me hubiesen llamado Sol, la construcción de mi identidad hubiese sido más feliz. Sol es cálido, luminoso y, sobre todo, literal. Me dirían Solcita, Solcito, Sol. Qué lindo. En cambio Eugenia significa “bien nacida” y agrega a las preguntas ¿quién soy?, ¿de dónde vengo?, ¿a dónde voy?, la pregunta irrespondible por excelencia: ¿bien nacida para qué?

7. Hace muchos años tuve un amigo que me decía Bienna. Fue uno de mis mejores apodos. Me acuerdo que en su cuarto tenía colgado un póster gigante con las imágenes de los dioses griegos y a algunos también los tenía en estatuillas.

8. Una pena extraordinaria, una pena extraordinaria, una pena extraordinaria. No sé por qué, al salir del bar me retumbaba esa frase en la cabeza.

9. Espero a mi psicólogo en la sala y leo una nota acerca del furor que provocó la traducción del Martín Fierro en Japón, o China, o Corea, no me acuerdo. En una página aparece la versión bilingüe japochireano-español de los primeros versos del Martín Fierro y, oh, sorpresa, ahí está la frase que me venía dando vueltas.

Aquí me pongo a cantar
al compás de la vigüela;
que el hombre que lo desvela
una pena extraordinaria,
como la ave solitaria
con el cantar se consuela.

10. ¿serán signos de esquizofrenia o soy efectivamente una niña índigo que predice el futuro con diez minutos de anticipación?

11. Mejor no pregunto más nada, estoy de mal humor, demasiado cansada.

12. It’s been a hard day’s night y todavía no llegué a casa.

13. Debería cantar.

4 comments:

Abukasem said...

Reglas: Siempre tomar el dinero que uno se encuentra. Las probabilidades de que alguien más puro que uno lo levante, son remotas.
El goce en la falta es común. Sobretodo lo sienten rústicos defensores de equipos mediocres de FOBAL.
Lo del mozo claramente fue una señal: no sólo el te extrañaba, sino que también la silla, el aire, la gente, y tu analista: No faltes tanto.
Tu blog asì, cuán delicia turca, se disfruta tremendamente.

nino said...

Deberías cantar, sí.

Georgi said...

Sos un sol, de eso podés estar segura; un sol bien nacido para irradiar en todos nosotros una energía hermosa. La enfermera te vió, vió tu aura, vió que estás aprendiendo a ser eso que querías. Nosotros también lo vemos, yo lo veo y me hace feliz.

Anonymous said...

guau, alto comentario pego esta chica.. si fuera cierto, seria hermozo