Frases como ésta son las que dan a pensar que si no es un piropo, es una flor de puteada. En este caso, teniendo en cuenta mi falta de despampanante presencia, creo que se trató de la segunda opción, que lejos de ofenderme, me hizo desfallecer de envidia: nunca aprendí a putear de manera tan sofisticada.
Friday, April 28, 2006
Thursday, April 27, 2006
When you're a stranger
Siempre me dicen que soy rara. Claro que yo no me considero rara porque para mí “raro” vendría a ser algo así como un ingeniero nuclear austríaco, miembro honorífico de la Asociación de la Lucha contra el Desorden. Eso sí que es raro. O los biólogos que se dedican a clasificar plantas y publican sus innovaciones clasificatorias en revistas especializadas de Alemania. Y ni hablar de los abstemios.Yo simplemente muerdo las biromes, me da fobia que me toquen el cepillo de dientes, me robo los encendedores sin querer, pierdo el sentido (ya hablé de eso en otro post), me deprimo por insignificancias, soy bastante caprichosa, casi nunca sé lo que quiero... pero eso no es ser rara. Eso es ser insoportable nada más.
Thursday, April 20, 2006
Carvermanía
Interesante artículo, encontrado por el desaparecido Dragón del Mar, acerca de El hombre que reescribía a Carvery más de Carver hoy:
Miedo
Miedo de ver una patrulla policial detenerse frente a la casa.
Miedo de quedarme dormido durante la noche.
Miedo de no poder dormir.
Miedo de que el pasado regrese.
Miedo de que el presente tome vuelo.
Miedo del teléfono que suena en el silencio de la noche muerta.
Miedo a las tormentas eléctricas.
Miedo de la mujer de servicio que tiene una cicatriz en la mejilla.
Miedo a los perros aunque me digan que no muerden.
¡Miedo a la ansiedad!
Miedo a tener que identificar el cuerpo de un amigo muerto.
Miedo de quedarme sin dinero.
Miedo de tener mucho, aunque sea difícil de creer.
Miedo a los perfiles psicológicos.
Miedo a llegar tarde y de llegar antes que cualquiera.
Miedo a ver la escritura de mis hijos en la cubierta de un sobre.
Miedo a verlos morir antes que yo, y me sienta culpable.
Miedo a tener que vivir con mi madre durante su vejez, y la mía.
Miedo a la confusión.
Miedo a que este día termine con una nota triste.
Miedo a despertarme y ver que te has ido.
Miedo a no amar y miedo a no amar demasiado.
Miedo a que lo que ame sea letal para aquellos que amo.
Miedo a la muerte.
Miedo a vivir demasiado tiempo.
Miedo a la muerte.
Ya dije eso.
Monday, April 17, 2006
La intempestad
A veces pierdo el sentido de todo. Me puede pasar en cualquier momento: en el supermercado o en la parada del colectivo, mientras espero en la fotocopiadora de la facultad, en una fiesta o frente a la pantalla de la computadora. Lo peor es cuando me pasa en plena conversación con alguien, eso sí que es feo ¿Y de qué se trata esto de perder el sentido de todo? Quiero aclarar que no es una hipérbole: cuando digo “todo” realmente es todo, entonces suelo quedarme muda y con el corazón agitado. A veces el sentimiento es menos agudo o lo veo venir, así que, en el caso de estar en plena conversación con alguien, trato de contrarrestarlo con una catarata de palabras que en realidad no quisiera decir, porque en ese momento la puerta entre inconsciente y conciente pareciera brillar por su ausencia. Con el correr de los años esta parálisis mental me pasa cada vez más seguido. La primera vez fue a los 5. Era un sábado a la tarde. Terminé de comer, me fui a mi habitación y me senté en la cama. Era verano. Mi cama tenía unas sábanas de gatitos y estrellas. Miré las cortinas rojas con dibujos de Hansel y Gretel, miré mis zapatillas con abrojos, la cama de mi hermana enfrentada a la mía con sábanas azules y dibujos de Snoopy. Volví a mirar mis zapatillas; no me gustaban, nunca me gustaron las zapatillas con abrojos, pero ni siquiera pude odiarlas. No me pasa nada, pensé, nada, nada, nada. Salí al parque. Vi el nogal lleno de nueces y no tuve ganas de recolectarlas. Oí los ladridos histéricos del perro del vecino y no tuve ganas de chistarle para que se calle. Vi el ciruelo tratando de darle batalla a la muerte, porque, pobrecito, estaba muy debilitado, y le pregunté –para mis adentros, claro- por qué, por qué quería seguir viviendo si no pasaba nada, si todo era lo mismo. A los ocho volví a tener la misma sensación, pero en esa oportunidad era más sabia que a los cinco y que ahora (creo que los ocho fueron mi época de oro). Ahí el sentimiento de la nada perdió porque yo tenía un arma infalible: la plena conciencia de que siempre se construye sobre arena y si viene una ola gigante a arrasar con todo, se vuelve a construir, así es la vida. Bueno, después vinieron unos cuantos maremotos seguidos que me arrancaron el arma y me quedé sólo con un escudo para enfrentar al dragón Nada, un escudo raro, peludito, un pincel digamos, y por eso pinto.
Tuesday, April 11, 2006
Tres intempestivas de martes por la tarde
lo prefiero/me molesta/me encanta
*Tal vez porque estoy acostumbrada a saber los argumentos de los libros antes de leerlos es que no me molesta que me cuenten las películas, es más, podría decir que hasta lo prefiero, sobre todo cuando las cuenta Carolina, experta en inventar diálogos, intensificar escenas, describir personajes que en la pantalla, indefectiblemente, se ven más vulgares, menos de película. Así que la pasión entre Chris Wilton y Nola Rice no me pareció tan espectacular, pero igual Match point es una muy buena película.
*Y hablando de Woody Allen, me molestan bastante los intelectuales que menosprecian a Woody porque no es Bergman, como si para nombrar a filósofos y escritores de la alta cultura sólo debiera hacerse de manera críptica, con sutiles guiños sólo para entendidos, y todo para que estos últimos se sientan re inteligentes porque pueden ver lo que el resto no.
*Me encanta que haya una marca de papel higiénico que se llame Elite.
*Y hablando de Woody Allen, me molestan bastante los intelectuales que menosprecian a Woody porque no es Bergman, como si para nombrar a filósofos y escritores de la alta cultura sólo debiera hacerse de manera críptica, con sutiles guiños sólo para entendidos, y todo para que estos últimos se sientan re inteligentes porque pueden ver lo que el resto no.
*Me encanta que haya una marca de papel higiénico que se llame Elite.
Wednesday, April 05, 2006
Tuesday, April 04, 2006
Abril, 1988.
Cuando cumplí 8 tenía una bicicleta rosa, a la que casi un año antes mi papá le había sacado las rueditas, y se la presté a todas mis compañeras invitadas al ágape en el parque de mi casa, menos a Gabriela. Ella me decía, dale Euge, ¿después de Gimena, puedo subirme yo?, ¿después de Marina, puedo subirme yo?, ¿después de Magdalena, puedo subirme yo?, ¿después de Josefina, puedo subirme yo? Y yo le respondía no, no, no, y es el día de hoy que no entiendo por qué tomé esa decisión totalmente arbitraria, porque Gabriela, a diferencia de Mara que me robaba los lápices y les ponía su nombre para que yo no pueda reclamarlos, o Josefina, que comandaba un escuadrón de niñas golpeadoras que más de una vez me agarraron desprevenida en colegio cuando no había ninguna autoridad mirando, o Verónica, que era extremadamente linda y yo moría de envidia, o Aranzazu que había creado una logia a la que no me dejaron entrar por no haber pasado la prueba de ingreso, o Cecilia, que se metió adentro de la caja donde iba guardando todos los regalos y los más frágiles terminaron en la basura, o María Laura, que me perdió los zapatitos de la barbie cristal y ni siquiera me pidió disculpas, a diferencia de todas ellas, Gabriela no me había dado ninguna razón, nunca, para que yo no le prestase mi bicicleta.
Qué mierda es una a veces.
Lo peor, es que después de 18 años, siento que no me encuentro totalmente exenta de cometer ese tipo de injusticias.
Friday, March 31, 2006
amiga
¡Qué sería de la vida sin amigos! Viv me dice ¿Por qué no exponés tus cuadros? son muy lindos, y yo sé que lo dice por la amistad que nos une.
última consideración por hoy
cansancio
Ayer me senté durante dos horas en el piso para escuchar una clase de Literatura Argentina, esperé una hora el tren, debí viajar apretujada conteniendo la respiración para evitar oler cosas nada agradables, llegué casi a la 1 de la madrugada a mi casa, no había nada para comer, me fui a dormir, no pude dormirme hasta las 3 de la mañana, así que me puse a pensar si todo esto tiene sentido. Mejor no pensar, mejor no pensar. Ando de capa caída.
Microfísica del desorden
Cada vez que intento ordenar las carpetas y archivos de mi PC me encuentro enfrentada al monstruo abismal de lo inconmensurable, o algo por el estilo que suene así de rimbombante. Por ejemplo, la carpeta de los archivos de la facultad está adentro de una carpeta que se llama “Desdémona”, que es una obra de teatro que escribí en el 2004, pero el archivo de la obra se encuentra en una carpeta que se llama "Personales". Asimismo, la carpeta “Desdémona” está ubicada dentro de otra carpeta que se llama “2004” y la carpeta “2004” está adentro de otra que se llama “2005”. La carpeta “Imágenes” está vacía y los archivos de fotos están adentro de una carpeta que se llama “Cosas lindas”. “Cosas lindas”, por su parte, está adentro de una carpeta que se llama “David Lynch”. En la carpeta de “Saer” también hay fotos y la monografía final de Teoría literaria II. El ensayo de Saer propiamente dicho está en una carpeta que se llama “Serie”. El archivo de la serie que estuve escribiendo en el 2004 recién acabo de encontrarlo en una carpeta que se llama “Sólo para mí” y lo borré, era horrible, insalvable. En la carpeta “Música” hay archivos de partituras y también otra carpeta que se llama “Poesía”. En “Poesía” están los MP3 y un Zip del libro Orgullo y Prejuicio. En la carpeta “Ebooks” hay algunos libros, pero también está una especie de diario íntimo que escribía en el 2002. Las poesías están desparramadas por todos lados, así que el día que quiera reunirlas, tendré que entrar a todas las carpetas, cosa que evito sistemáticamente: hay algunas carpetas que hace años no reviso (tengo miedo de lo que me puedo llegar a encontrar).
Thursday, March 30, 2006
Wednesday, March 29, 2006
"Los asesinos tímidos"
Pueden conseguirla en los lugares que figuran a continuación. Recuerden que en mayo llega el número de dos, con más páginas y artículos muy interesantes gracias a los colaboradores de lujo que amablemente nos acompañan en este proyecto.Librerías:
Bauen: Callao 360
Belleza y Felicidad: Acuña de Figueroa 900
Biblos: Puan 378
Centro Cultural de la Cooperación: Corrientes 1543
Clásica y Moderna: Callao 892
Edipo: Corrientes 1686
Gambito de Alfil: José Bonifacio 1402
La boutique del libro: Thames 1762
La cita: Charcas 3315
Librería de las Madres: Hipolito Yrigoyen 1584
Prometeo: Honduras 4912
Rayo Rojo: Santa Fe 1670
Kioscos:
Callao 1812
Callao y Corrientes
Corrientes 1620
Corrientes 1800
Corrientes 1811
Corrientes 1894
Corrientes 2084
Puesto 62: Parque Rivadavia
La fiesta de Sigmund

El Pésame, cuando yo recibía educación religiosa, no estaba de moda, sin embargo, mamá me lo enseñó a rezar igual. Siempre me pareció terrible esa oración, pero como a ella le gustaba, yo trataba de evitar interpretar esa sucesión de palabras, simplemente las repetía, y a fuerza de repetición, es el día de hoy que cuando estoy angustiada, o simplemente aburrida, vuelven a mi cabeza: “Pésame Dios mío y me arrepiento de todo corazón de haberos ofendido. Pésame por el infierno que me merecí y por el cielo que perdí, pero mucho más me pesa porque pecando ofendí a un Dios tan bueno y tan grande como vos”. Ah, una verdadera pesadilla de culpa, pero la razón principal por la que el Pésame me parece terrible es porque tiene malas intenciones. Eso de “y propongo firmemente no pecar más” es cualquiera, ¿cómo no voy a pecar más?, pensaba cuando era chica, hasta los santos se debían mandar sus pecadillos de vez en cuando. Además, si esa proposición fuese cierta, el Pésame se debería rezar una sola vez en la vida, porque si no se peca más ¿para qué rezarlo, si no hay nada de qué arrepentirse? Dios, ¿me querés hacer pisar el palito, no?, le preguntaba picaronamente, y por las dudas, para no recibir castigos divinos extras por proposiciones no cumplidas, lo rezaba con los dedos cruzados. Ayer tuve una pesadilla: era de noche y estaba sola en una iglesia. Rezaba. Empecé a desesperarme porque no lograba recordar el final de la oración: “y propongo firmemente no pecar más y evitar todas las ocasiones próximas de… de… de… “¡de deseo!”, me grita Jesús, y se baja lo más campante de la cruz. Todo chorreante de sangre empieza a caminar hacia mí y me despierto sumamente sobresaltada, pero no por la sangre, sino porque, en realidad, la oración no termina con la palabra deseo, sino con la palabra pecado, “evitar todas las ocasiones próximas de pecado”. Maldito inconsciente mío, pienso, ¿por qué seré tan de manual?
Wednesday, March 22, 2006
Sarah Kay

Estuve dando vueltas por Other voices, other rooms. Siempre me fascinaron los personajes como Idabel Tompkins, esa pelirroja tremenda, medio marimacho, con las rodillas huesudas llenas de cicatrices, a la que nadie, nunca, vio llorar, ni siquiera cuando le mordió una serpiente venenosa la pierna. Pienso que si siempre me fascinaron los personajes como Idabel, es porque se trata de personajes totalmente opuestos a lo que fui yo de chica. A mí solían decirme “qué femenina es esta nena” o “qué coqueta” (y hablando de coquetería: una vez, a los cinco, en un cumpleaños me caí de una hamaca, me rompí la nariz y me hice un moretón gigante en el ojo, y lloré mucho, pero no porque me dolía la cara, sino porque me había despeinado). En fin, en la primaria no era del grupo de las del fondo, sino de las que se sentaban en los primeros bancos, con el uniforme impecable, el moño rojo en la cabeza y la cartuchera llena de lápices y gomitas de colores, era de las del grupo a las que despectivamente llamaban “las chicas Sarah Kay”. Al igual que las chicas reas, sí me fracturé huesos, pero nunca por subirme a árboles altísimos, ni por caerme en medio de una corrida de vida o muerte escapando de algún lío. Cuando tenía diez meses, la hija de una amiga de mi mamá me quiso hacer upa, no me sujetó bien y terminé en el piso. Consecuencia: me rompí un tobillo. Más tarde, a los ocho años, me subí a un tronco de no más de 15 cm. y me rompí el húmero izquierdo Ahora, a la distancia, pienso que uno no elige a qué grupo pertenecer, digamos que hay ciertas condiciones ¿naturales? que nos ubican en ellos. Mi vocecita y la obsesión de mi mamá por la pulcritud de sus hijas me parece que fueron determinantes al momento de pertenecer a un grupo. En la adolescencia me rebelé: me corté el pelo, adopté un estilo grunge, traté de incorporar más y más malas palabras a mi vocabulario habitual, pero nunca, nunca, logré dar la apariencia de rea. A lo sumo me decían: estás deprimida, no?
Monday, March 20, 2006
Clarice Lispector
Ahora, desde que Julieta Prandi declaró que es fanática de Clarice Lispector, es difícil descubrir a esta escritora de manera azarosa, pero mi historia con Clarice, por suerte, fue anterior a la fama de Julieta:Ella hablaba a los gritos en francés, recién volvía de París y en cinco meses había aprendido a decir bastantes blasfemias en ese idioma (lo primero que uno aprende y lo último que se olvida, creo). Él no volvía de París, pero al igual que ella era bailarín. Yo estaba con Carolina caminando por San Telmo cuando vimos que ella salió a los gritos de un bar y él detrás de ella. No recuerdo cómo fue que empezamos a hablar, la cuestión es que nos caímos simpáticos y terminamos los cuatro en el Británico. Hablamos hasta el amanecer. En esa época yo no salía sin mi cuaderno (no sé por qué perdí esa costumbre) y en un momento de la noche, no sé qué fue lo que dije, qué a él se le ocurrió escribir en mi cuaderno Clarice Lispector. Así supe de Clarice. Muchos años después, más precisamente el sábado pasado, Cata nos dice a Caro y a mí que ella también descubrió de una manera extraña a Clarice, pero no llega a contarnos cómo la conoció, sino que inmediatamente trae el libro y Caro lee “San Tiago”:
No, no toda lucidez es frialdad. No la de San Tiago Dantas, por ejemplo, que era acusado de frialdad. Si bien el propio Schmidt se contradecía al respecto.
Conocí a San Tiago en París. Enseguida formamos un grupo. Y no sé por qué resolvimos que aquella noche saldríamos a recorrer los night clubs de París. Cosa que hicimos hasta el amanecer. Donde los violines cantaban demasiado afinados y muy cerca de nosotros, allí íbamos. Pero sucede que en una noche larga se bebe. Y yo no sé beber. Si bebo, o me da sueño o lloro un poco. Pero si sigo bebiendo, empiezo a ponerme brillante, a decir cosas. Y no sé qué es peor. Esa noche sucedieron ambas cosas. San Tiago, si era de llorar, no lo mostraba. Su lucidez en verdad era un gran control y no frialdad.
Ay, cuántos muertos ya había potencialmente en el grupo. Schmidt, Bluma, Wainer, San Tiago. Nadie lo sabía. ¿O lo sabíamos? A tal punto que no soportábamos un sinfín de violines afinados.
Había una dueña de boite que también actuaba como cajera. Llevaba los hombros descubiertos, hombros plenos y muy fuertes. Hablamos mucho de hombros. Los míos se veían frágiles. ¿Qué había bebido? Lo que me dieron, y mezclé mucho.Hasta que empezó a madrugar, a casi amanecer despacio. Nadie tenía sueño, pero ya era hora. Nos fuimos caminando. Y San Tiago descubrió en las esquinas de París a las primeras vendedoras de flores. No puedo decir cuántas rosas me compró. Sé que yo marchaba por las calles sin poder cargarlas de tantas que eran, y que a medida que caminaba las rosas se caían al suelo. Si alguna vez fui linda fue en aquel amanecer de París, con rosas que caían de mis brazos plenos. Y un hombre que engalana a una mujer no tiene una lucidez fría.
El relato sigue, pero Caro, que tiene una adorable inclinación hacia los finales felices, decidió culminar ahí la lectura.
(las negritas son mías)
Friday, March 17, 2006
Sadness and indolence
todas balas
palabras
incrustadas en el estómago
pesadillas:
* caer de boca en medio de la calle
* como un lobo deprimido
deambular
* ver
envueltos en sábanas
manchadas
de menstruación
deseos
deseos
hipotéticos:
* destierro
* Estado y enemigos
* pataleo
y en plena conciencia
el problema:
* nadie me obliga a salir
de esta pocilga de nena
rosa
rosa
sin padre al que engatusar
* soy un monstruo asustado
pensar:
* que todo esto
es tan sólo el disfraz
de un beso
* una mirada
difícil
Judy Abbott, 1968.
palabras
incrustadas en el estómago
pesadillas:
* caer de boca en medio de la calle
* como un lobo deprimido
deambular
* ver
envueltos en sábanas
manchadas
de menstruación
deseos
deseos
hipotéticos:
* destierro
* Estado y enemigos
* pataleo
y en plena conciencia
el problema:
* nadie me obliga a salir
de esta pocilga de nena
rosa
rosa
sin padre al que engatusar
* soy un monstruo asustado
pensar:
* que todo esto
es tan sólo el disfraz
de un beso
* una mirada
difícil
Judy Abbott, 1968.
Thursday, March 09, 2006
Presentación de "Los asesinos tímidos"
Digamos que la noche del martes no fue la noche más verborrágica de mi vida, así que aprovecho este medio para agradecerles a todos por habernos acompañado (incluidos los que no pudieron venir, pero igual nos alientan a la distancia en este proyecto).
Acá están las fotos de la presentación.
Acá están las fotos de la presentación.
Monday, March 06, 2006
Nunca mejor descrito: Homo-histéricus

Lo que sigue a continuación es un comment de éste post, que describe de manera brillante la categoría "Homo-Histéricus".
Pía dijo...
Ya lo dije una vez y me tildaron de resentida... La realidad es que hay una nueva categoría: el "Homo-Histéricus" Esta especie tiene varios hábitats. Se lo encuentra tanto el el Rosedal de Palermo ( guiño cómplice para Bebu) como en las urbanidades de nuesta querida Baires...Y si señoritas, quien no haya experimentado con un ejemplar de esta naturaleza que tire la primera piedra!!! ( y que nos digan como evitarlos) Misión Imposible: Es difícil encontrar la estrategia adecuada para poder "dar en la tecla" con estos individuos... Aparecen de la nada, te tiran onda, utilizan vocablos como "te llamo", "nos vemos", " me gustás", etc (por su puesto todo esto por MSN!!!!) Y luego, cuando es la ahora de los bifes ... AQUI NO HA PASADO NADA SEÑORES!!! El Homo-Histericus esconde la cabeza cual avestruz, o siguiendo con el Reino Animal ( cuantas similitudes estoy encontrando, a propósito!), se entierra en la arena como el escarabajo; o se hunde en el agua como el hipopótamo y sólo deja los ojitos para espiar... suerte de vouyerismo reprimido, porqué no?Finalmente, cuando ya creés que todo está perdido y comenzás a mirar para el costado: zácate!!! Acecha nuevamente con un "cómo estás tanto tiempo?" De ahí en más sólo hay un paso para el famosísimo: "y si esta vez se pone las pilas...?"NO WAY GIRLS!!!





