Showing posts with label análisis. Show all posts
Showing posts with label análisis. Show all posts

Thursday, April 05, 2007

Sin ánimo de amar


Así es como hace algún tiempo le recomendé la peli a mi psicólogo. Fallido mal.

Monday, May 15, 2006

La neurosis y la nada

Psicoanálisis: Hay que decir la nada para que deje de ser nada.
Neurosis: OK. Nada tiene sentido. Nada es suficiente. No soy nada. Todo es nada. Nada de nada. No me importa nada. Nada me complace. No quiero nada. Nada es nada. Nada, nada, nada. Listo. Psicoanálisis: ¿Mejor?
Neurosis: No, pero igualmente, gracias.
Psicoanálisis: De nada.
Neurosis: ¿...?
Psicoanálisis: Oh, no, perdón, me mimeticé. En realidad quise decir "son 45 pesos".

Friday, May 12, 2006

mi escritor preferido

Por ahora, nadie le gana a Freud.

Wednesday, March 29, 2006

La fiesta de Sigmund


El Pésame, cuando yo recibía educación religiosa, no estaba de moda, sin embargo, mamá me lo enseñó a rezar igual. Siempre me pareció terrible esa oración, pero como a ella le gustaba, yo trataba de evitar interpretar esa sucesión de palabras, simplemente las repetía, y a fuerza de repetición, es el día de hoy que cuando estoy angustiada, o simplemente aburrida, vuelven a mi cabeza: “Pésame Dios mío y me arrepiento de todo corazón de haberos ofendido. Pésame por el infierno que me merecí y por el cielo que perdí, pero mucho más me pesa porque pecando ofendí a un Dios tan bueno y tan grande como vos”. Ah, una verdadera pesadilla de culpa, pero la razón principal por la que el Pésame me parece terrible es porque tiene malas intenciones. Eso de “y propongo firmemente no pecar más” es cualquiera, ¿cómo no voy a pecar más?, pensaba cuando era chica, hasta los santos se debían mandar sus pecadillos de vez en cuando. Además, si esa proposición fuese cierta, el Pésame se debería rezar una sola vez en la vida, porque si no se peca más ¿para qué rezarlo, si no hay nada de qué arrepentirse? Dios, ¿me querés hacer pisar el palito, no?, le preguntaba picaronamente, y por las dudas, para no recibir castigos divinos extras por proposiciones no cumplidas, lo rezaba con los dedos cruzados. Ayer tuve una pesadilla: era de noche y estaba sola en una iglesia. Rezaba. Empecé a desesperarme porque no lograba recordar el final de la oración: “y propongo firmemente no pecar más y evitar todas las ocasiones próximas de… de… de… “¡de deseo!”, me grita Jesús, y se baja lo más campante de la cruz. Todo chorreante de sangre empieza a caminar hacia mí y me despierto sumamente sobresaltada, pero no por la sangre, sino porque, en realidad, la oración no termina con la palabra deseo, sino con la palabra pecado, “evitar todas las ocasiones próximas de pecado”. Maldito inconsciente mío, pienso, ¿por qué seré tan de manual?

Wednesday, March 01, 2006

Sesión extraordinaria

1. Bajo del colectivo y encuentro plata tirada en la calle. Bastante. No sé cuanta. No una millonada, pero bastante y… ... ...
la dejo ahí.

2. Camino por Coronel Díaz pensando por qué no me apoderé de la plata. También pienso que esto no se lo voy a contar a mi psicólogo porque él lo resume todo hablándome de mi goce en la falta.

3. Es temprano. Entro en el bar al que voy siempre antes de análisis y el mozo me dice Hola, ¡qué bueno verte por acá otra vez! Tanto tiempo… ¿estuviste de vacaciones? Sí, le digo, y si bien no le miento, le oculto información: de vacaciones sólo estuve 15 días y todo el resto del tiempo me dediqué a esquivar, con excusas cada vez menos creíbles, al analista.

4. Me siento en una mesa que da a la ventana. La ventana está abierta. Pasa una enfermera. Me mira. La miro y me dice: ¿Vos sos Sol? No, no, respondo, pero como dudando realmente si seré o no seré Sol. Ah, te parecés mucho a Sol. Se va y me quedo con una sensación inexplicable.

5. Cuando era chica me quería llamar Sol. Le insistí a mi mamá para que me cambie el nombre pero no hubo caso. Eugenia es más lindo me decía. Entonces, arremetí contra el apellido. Lloraba horas y horas. Hacía unos berrinches terribles, pataleaba, me ponía toda roja de bronca porque mi apellido me parecía lisa y llanamente horrible. Si te escucha tu papá te va a matar me amenazaba mi mamá y como sus amenazas no tenían ningún efecto sobre mí, terminaba llevándome hasta el baño y me metía debajo de la ducha, así como estaba, toda vestida.

6. Frente al café negro pienso que si me hubiesen llamado Sol, la construcción de mi identidad hubiese sido más feliz. Sol es cálido, luminoso y, sobre todo, literal. Me dirían Solcita, Solcito, Sol. Qué lindo. En cambio Eugenia significa “bien nacida” y agrega a las preguntas ¿quién soy?, ¿de dónde vengo?, ¿a dónde voy?, la pregunta irrespondible por excelencia: ¿bien nacida para qué?

7. Hace muchos años tuve un amigo que me decía Bienna. Fue uno de mis mejores apodos. Me acuerdo que en su cuarto tenía colgado un póster gigante con las imágenes de los dioses griegos y a algunos también los tenía en estatuillas.

8. Una pena extraordinaria, una pena extraordinaria, una pena extraordinaria. No sé por qué, al salir del bar me retumbaba esa frase en la cabeza.

9. Espero a mi psicólogo en la sala y leo una nota acerca del furor que provocó la traducción del Martín Fierro en Japón, o China, o Corea, no me acuerdo. En una página aparece la versión bilingüe japochireano-español de los primeros versos del Martín Fierro y, oh, sorpresa, ahí está la frase que me venía dando vueltas.

Aquí me pongo a cantar
al compás de la vigüela;
que el hombre que lo desvela
una pena extraordinaria,
como la ave solitaria
con el cantar se consuela.

10. ¿serán signos de esquizofrenia o soy efectivamente una niña índigo que predice el futuro con diez minutos de anticipación?

11. Mejor no pregunto más nada, estoy de mal humor, demasiado cansada.

12. It’s been a hard day’s night y todavía no llegué a casa.

13. Debería cantar.

Thursday, December 15, 2005

Palermo Stories (segment 1)

"Don't be light /maybe like me."
(AIR)
Miércoles 14/12. 7.30 hs. apróx. Esquina Mansilla y Coronel Díaz. Bar abarrotado de gente. Los que quedaron afuera pegan sus ñatas contra el vidrio. Gol. Boca gana el campeonato. Yo, que me encuentro sentada en una de las mesitas de la vereda, debo oír, a pesar de que por mis auriculares suena a todo volumen Electronic Performers, esos cantitos que erizan mi piel y me dan vergüenza ajena, pero que en realidad no es ajena sino propia. Siento vergüenza por mi incapacidad de comprender por qué la gente se pone tan feliz con el fútbol. A los hombres se les desfigura la cara. Empiezan a comportarse como monos. Sacuden los brazos. “Dale Bo, Dale Bo”. ¡Dios! Pienso seriamente si será cierto que me gustan los hombres o es algo que me impuso la educación católica homofóbica romana.

Miércoles 14/12. 7.35 hs. apróx. Diván. No menciono el tema. Como diría W. Allen: es demasiado íntimo como para hablarlo con el analista.

Miércoles 14/12. 20.30 apróx. Alto Palermo. Baño de mujeres. Conversación entre dos chicas más o menos de mi edad. Debo oírlas, a pesar de que por mis auriculares suena a todo volumen Don’t be light. ¡Dios! Hay cosas que me hacen sentir totalmente, exacerbadamente, 100%, sin lugar a dudas, absolutamente heterosexual:

1:- Ani, ¿viste este baño? Es para nenes. ¿No es precioso?
2:- Ay, sí, todo chiquitito, me muero.
1:- Sí, qué tierno
2:- Divino
1:- Yo quiero uno así.
2:- Yo también.
1:- ¡Qué cosa divina!
2:- Sí, total, total, ¡me muero!

Friday, December 02, 2005

Causeries de los jueves


Fleur, Ariel (amigos y compañeros de trabajo) y yo, vamos los jueves al psicólogo (a distintos psicólogos, claro) y nos tomamos el 39 (cualquier interno, menos el 3, que tarda mucho hasta que llega a Santa Fe). El problema de viajar con amigos hasta el psicólogo es que cuando llego no tengo ganas de hablar y encima ese diván tapizado tan bonito y la gran cantidad de almohadones de colores me dan unas ganas locas de echarme una siestita. Ayer, en el 39, estábamos hablando de que no hay mucha gente linda en la Universidad donde trabajamos y que Recursos Humanos debería, como incentivo a las personas que hace años nos desempeñamos en tan prestigiosa institución, contratar a personas un poco más atractivas, sino uno en lo único que piensa es en cuándo llegarán las vacaciones. Después Ariel me contó que el Obelisco iba a estar disfrazado de preservativo rosa y yo pensé que cuando saliese del psicólogo me daría una vueltita para verlo, pero me olvidé y me fui derecho a casa. Debo tener una conexión extraña con Francia (¿será por el apellido francés de mi mamá? ¿Será que tantos años de análisis no consiguen desprenderme de mi cordón umbilical?) La cosa es que prendo la tele y por casualidad pongo TV5 justo cuando pasaban la noticia del obelisco encapuchado con motivo del día internacional del SIDA. Que lo vi lo vi, pero me quedé con la intriga de si tendría gusto a frutilla. Igual si hubiese ido personalmente a verlo no creo que me hubiese atrevido a darle una probadita.